LA SONRISA DEL ESPEJO

Ernst Lubitsch, Grocho Marx, Billy Wilder o Woody Allen -entre otros- podrían darnos muchas lecciones sobre este tema en particular
Además de ser un ejercicio extremadamente saludable, que permite analizar las cosas desde un punto de vista ajeno a tu propio ombligo, es un método excelente para romper el hielo en una conversación, trato o negocio. Hasta follando es un modo excelente de relajarse y disfrutar del asunto.

En España se ríe mucho. De eso no cabe duda. Pero nuestra risa tiende a la carcajada cruel, ofensiva y malintencionada. Además muy rara vez, esa risa va dirigida a nosotros mismos.
Si hay que ser ingeniosos hemos preferido siempre la mala hostia quevedesca a la auto-ironía cervantina.

No hace mucho, en una pequeña conferencia que dio en Madrid, mi muy estimado Alfredo Bryce Echenique -maestro donde los haya en este dificil arte de reirse de sí mismo- dijo algo que me dio que pensar: "A la hora de escribir he preferido buscar la sonrisa antes que la carcajada. Así ha sido desde que me dí cuenta de que, cuando se abre demasiado la boca para reir, se cierran los ojos".
Una vez más, el más genial y humilde -que no falsamente modesto- de los escritores peruanos (quizá empatado con ese otro prodigio llamado Julio Ramón Ribeyro, al que es imposible no querer como a un hermano tras leerlo) había dado en el clavo.
Buscar la sonrisa cómplice en lugar de la gruesa risotada es harto complicado en estos lares.

Pero si difícil es reírse de uno mismo en primera persona, más complicado aún es reírse del grupo (familiar, de amigos, de trabajo, político o geográfico) en el que nos integramos.
Por eso me parece estupenda la iniciativa que ha tenido lugar en Francia este fin de semana pasado. Que los habitantes de la nación más chauvinista del mundo nos den esta lección de sentido del humor es doblemente estimulante. Vive la France!
Los vecinos de los pueblos franceses con nombres graciosos, como los de Monteton -'Mi-teta', traducido al español- (centro), se dieron cita Cocumont -'Monte Cornudo'- (suroeste), donde se celebró el tercer encuentro de localidades con "nombres burlescos".
Este año participaron 22 municipios o pedanías cuyo nombre o su pronunciación provoca la sonrisa de quien los escucha.
De media, estas poblaciones tienen 745 habitantes, la más pequeña Trecon (norte), donde viven 73 'muy gilipollas', ('très con', en francés) siguiendo la fonética de su nombre. "Una cosa caracteriza a estos pueblos: cuanto más sonoro es su nombre, menos gente vive", bromeaba Patrick Lasseube, alcalde de Saint-Lys (sur).
"Este acontecimiento es una ocasión para que estos pueblos se hagan un nombre a través de los productos de la tierra", explica este regidor, al cargo de la pedanía Mengesèbes ('Come-cebollas', en occitano), que promovió la primera edición de estos encuentros hace dos años, con sólo nueve 'miembros'.
Y es que, hace falta ser "aceptado" por los ya inscritos, y "hay lista de espera", explica serio Lasseube. "Se trata de ser burlesco más que grotesco", aclara.
Multitud de anécdotas o leyendas rodean a estos pueblos. "La gente de Angers y de Nantes quería saber exactamente dónde estaba el punto medio entre ambas ciudades", cuenta el alcalde de Bouzillé (oste), Gilles Collin, quien relata esta historieta de Rabelais: "Gargantúa quiso sacarles de dudas, puso un pie en la catedral de San Pedro de Nantes y otro en la de San Mauricio de Angers, se subió los pantalones y dijo 'la bouse y est' ('ahí va la boñiga')", más o menos como se pronuncia Bouzillé.
El próximo encuentro tendrá lugar en Arnac la Poste, en el centro del país, cuyos habitantes corren el riesgo de ser mal llamados "timadores", ya que Arnac suena como 'arnaque', que significa 'timo' en francés. En realidad su gentilicio es diferente, algo así como 'timarés'.
Mira que hay pueblos con nombres estúpidos en mi país, pero es más fácil imaginarnos dándonos de leches por defender una puta coma del nombre que riéndonos de él. Estamos siempre batallando por nuestro orgullo en un peligroso sueño delirante de autocomplacencia.

Los que hayan sufrido alguna vez ese engendro llamado "Gran Prix" que TVE perpetra todos los veranos -desde hace ya demasiadas temporadas- saben a lo que me refiero.
Un programador de televisión siempre se atiene a la máxima "A falta de verdadero sentido del humor, buenos son el pan y circo".
Mientras tanto, seguimos perpetuando generación tras generación la confusión entre prejuicio y dignidad.
La verdadera dignidad es otra cosa:

Y así nos va...




























































Sólo hay una cosa que me moleste más que no ser tomado en serio: que me tomen demasiado en serio.