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La Coctelera

Café Jurfendu

LA CONCIENCIA (NADA CULPABLE) DE THE "CHACHO" CONCEPT

2 Agosto 2005

LA SONRISA DEL ESPEJO

Que el sentido del humor empieza por uno mismo es de una evidencia rotunda.

Ernst Lubitsch, Grocho Marx, Billy Wilder o Woody Allen -entre otros- podrían darnos muchas lecciones sobre este tema en particular

Además de ser un ejercicio extremadamente saludable, que permite analizar las cosas desde un punto de vista ajeno a tu propio ombligo, es un método excelente para romper el hielo en una conversación, trato o negocio. Hasta follando es un modo excelente de relajarse y disfrutar del asunto.

En España se ríe mucho. De eso no cabe duda. Pero nuestra risa tiende a la carcajada cruel, ofensiva y malintencionada. Además muy rara vez, esa risa va dirigida a nosotros mismos.

Si hay que ser ingeniosos hemos preferido siempre la mala hostia quevedesca a la auto-ironía cervantina.

No hace mucho, en una pequeña conferencia que dio en Madrid, mi muy estimado Alfredo Bryce Echenique -maestro donde los haya en este dificil arte de reirse de sí mismo- dijo algo que me dio que pensar: "A la hora de escribir he preferido buscar la sonrisa antes que la carcajada. Así ha sido desde que me dí cuenta de que, cuando se abre demasiado la boca para reir, se cierran los ojos".

Una vez más, el más genial y humilde -que no falsamente modesto- de los escritores peruanos (quizá empatado con ese otro prodigio llamado Julio Ramón Ribeyro, al que es imposible no querer como a un hermano tras leerlo) había dado en el clavo.

Buscar la sonrisa cómplice en lugar de la gruesa risotada es harto complicado en estos lares.

Pero si difícil es reírse de uno mismo en primera persona, más complicado aún es reírse del grupo (familiar, de amigos, de trabajo, político o geográfico) en el que nos integramos.

Por eso me parece estupenda la iniciativa que ha tenido lugar en Francia este fin de semana pasado. Que los habitantes de la nación más chauvinista del mundo nos den esta lección de sentido del humor es doblemente estimulante. Vive la France!

Los vecinos de los pueblos franceses con nombres graciosos, como los de Monteton -'Mi-teta', traducido al español- (centro), se dieron cita Cocumont -'Monte Cornudo'- (suroeste), donde se celebró el tercer encuentro de localidades con "nombres burlescos".

Este año participaron 22 municipios o pedanías cuyo nombre o su pronunciación provoca la sonrisa de quien los escucha.

De media, estas poblaciones tienen 745 habitantes, la más pequeña Trecon (norte), donde viven 73 'muy gilipollas', ('très con', en francés) siguiendo la fonética de su nombre. "Una cosa caracteriza a estos pueblos: cuanto más sonoro es su nombre, menos gente vive", bromeaba Patrick Lasseube, alcalde de Saint-Lys (sur).

"Este acontecimiento es una ocasión para que estos pueblos se hagan un nombre a través de los productos de la tierra", explica este regidor, al cargo de la pedanía Mengesèbes ('Come-cebollas', en occitano), que promovió la primera edición de estos encuentros hace dos años, con sólo nueve 'miembros'.

Y es que, hace falta ser "aceptado" por los ya inscritos, y "hay lista de espera", explica serio Lasseube. "Se trata de ser burlesco más que grotesco", aclara.

Multitud de anécdotas o leyendas rodean a estos pueblos. "La gente de Angers y de Nantes quería saber exactamente dónde estaba el punto medio entre ambas ciudades", cuenta el alcalde de Bouzillé (oste), Gilles Collin, quien relata esta historieta de Rabelais: "Gargantúa quiso sacarles de dudas, puso un pie en la catedral de San Pedro de Nantes y otro en la de San Mauricio de Angers, se subió los pantalones y dijo 'la bouse y est' ('ahí va la boñiga')", más o menos como se pronuncia Bouzillé.

El próximo encuentro tendrá lugar en Arnac la Poste, en el centro del país, cuyos habitantes corren el riesgo de ser mal llamados "timadores", ya que Arnac suena como 'arnaque', que significa 'timo' en francés. En realidad su gentilicio es diferente, algo así como 'timarés'.

Mira que hay pueblos con nombres estúpidos en mi país, pero es más fácil imaginarnos dándonos de leches por defender una puta coma del nombre que riéndonos de él. Estamos siempre batallando por nuestro orgullo en un peligroso sueño delirante de autocomplacencia.

Los que hayan sufrido alguna vez ese engendro llamado "Gran Prix" que TVE perpetra todos los veranos -desde hace ya demasiadas temporadas- saben a lo que me refiero.

Un programador de televisión siempre se atiene a la máxima "A falta de verdadero sentido del humor, buenos son el pan y circo".

Mientras tanto, seguimos perpetuando generación tras generación la confusión entre prejuicio y dignidad.

La verdadera dignidad es otra cosa:

Y así nos va...

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1 Agosto 2005

FAHRENHEIT 451

"Era un placer quemar.

Era un placer especial ver cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas. Empuñando la embocadura de bronce, esgrimiendo la gran pitón que escupía un queroseno venenoso sobre el mundo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes, y que las manos, como las de un sorprendente director que ejecuta las sinfonías del fuego y los incendios, revelaban los harapos y las ruinas carbonizadas de la historia. Con el simbólico casco numerado -451- sobre la estólida cabeza, y los ojos encendidos en una sola llama anaranjada ante el pensamiento de lo que vendría después, abrió la llave, y la casa dio un salto envuelta en un fuego devorador que incendió el cielo del atardecer y lo enrojeció, y doró, y ennegreció."

Así empezaba la pesadilla -futurista pero menos- que Ray Bradbury escribió en 1954. Una descripción certera, seca y demoledora de una sociedad en la cual el cuerpo de bomberos ha olvidado su cometido primigenio y se dedica al ejercicio -mucho más divertido, tengo que reconocerlo- de la piromanía más exacerbada.

Su objetivo son los libros. Objetos prohibidos que incitan a la rebelión de las masas y deben ser eliminados con la mayor celeridad posible.

Han pasado muchos años desde que leí esta excelente novela y casi tantos desde que ví la adaptación cinematográfica que hiciera mi querido François, el ídolo francés de los chinos necrófilos.

La verdad es que las amenazas totalitarias a las que nos enfrentamos todos los días son mucho más sutiles que la que nos presenta este relato, así que siempre he pensado que todo quedaba en una hermosa metáfora (la existencia de "hombres-libro" y su consiguiente exaltación de la narración oral).

No hay arte que más admire y respete que aquel de saber contar una buena historia.

No hay labor que más me fascine que la del cuenta-cuentos o "cuentero" como se le llama de forma deliciosa en hispanoamérica para distinguirlo de los innobles y numerosos "cuentistas" que andan sueltos por el mundo.

Pero siempre supe que, aquellos a los que interesa comenzar el incendio, nunca dejarían que nos dieramos cuenta fácilmente.

No, los bomberos no irían por las calles asaltando hogares para prenderles fuego. Hay otras maneras de acabar con los amantes de la letra impresa.

Se ha optado por combatirnos con nuestras propias armas.

Se editan cada mes millones de libros que no merecerían ni el desperdicio del queroseno que se precisaría para quemarlos.

Cualquier escritorzuelo avezado aspira a la popularidad banal o -mucho peor aún- a la impertinente trascendencia.

Sin embargo, no todo está perdido. Existen resquicios por los que aflora la literatura con el vigor y la sencillez de las historias bien contadas, sin necesidad de temas "más grandes que la vida" -pues nada hay más apasionante que la pequeñez de esta-, sin códigos Da Vinci ni grandes batallas mitológicas entre criaturas imposibles...

Y muchos de esos resquicios están en algunos de los diarios de bitácora de Internet que he leído en el último lustro.

Pero ¡ay!, tan legitimados se creen los poderes fácticos que han olvidado su pacto de secreta sutileza y -cual elefante en una cacharrería- han decidido darle la razón a Bradbury y, de paso, a Kafka.

Cuando menos lo esperábamos han llegado los bomberos pirómanos, sólo que -para hacerlos aún más inquietantes y temibles- alguien los ha convertido en portadores del peor de los virus: el error burocrático.

El pasado 25 de mayo no logré conciliar el sueño cuando descubrí que la represión había empezado en mi propio país y aún mucho más cerca de mi corazón que de mi hogar.

El mundo de Fahrenheit 451 comenzaba en La Coruña.

Con el paso de los meses he perdido la pista del avance de los pirómanos, pero están ahí... en alguna parte.

Y no logro olvidar como se inició todo...

El departamento contraincendios del Ayuntamiento coruñés provocó aquel día un incendio pavoroso en el interior del número 55 de la calle Montes a causa de "un lamentable error".

Su máximo responsable pidió a la propietaria de la vivienda "excusas" por los daños ocasionados en el inmueble, pero en el fondo, sé que sonreía implacable...

Según parece, los bomberos coruñeses incendiaron el inmueble durante un ejercicio práctico incluido en el programa de un curso de capacitación para la investigación de incendios organizado para contribuir a la profesionalización de los investigadores de la Guardia Civil.

Con tan loable intención prendieron fuego al interior de la vivienda creyendo que se encontraba en ruinas y que ya había sido expropiada por el Ayuntamiento.

La equivocación se produjo cuando un responsable de bomberos telefoneó, poco después de las ocho de la mañana, al departamento de ruinas del Ayuntamiento, dependiente de la Concejalía de Urbanismo, y solicitó la dirección de una vivienda expropiada para realizar en ella un ejercicio práctico de extinción de un incendio.

Los funcionarios de la Concejalía de Urbanismo facilitaron la dirección del número 55 de la calle Montes creyendo que se trataba de un inmueble en estado ruinoso que ya había sido expropiado y al que los bomberos prendieron fuego.

Lo cierto es que la casa no había sido declarada en ruinas ni había sido expropiada, sino que tenía todavía dueño y su interior estaba amueblado con mobiliario nuevo que se vio afectado por las llamas.

El representante de los bomberos de La Coruña explicó que en el cursillo organizado para la Guardia Civil "lo importante no es la teoría, sino la práctica" y añadió que para ello "primero es necesario provocar un incendio".

El portavoz del Servicio Municipal Contraincendios indicó -para más INRI- que "no era la primera ocasión en la que realizábamos algo así" (¡LO SABÍA! ¡ESTAMOS PERDIDOS!), aunque añadió que hasta ahora "jamás había ocurrido nada semejante".

La propietaria de la vivienda incendiada (¿por error?), Elisa Méndez Pereira, no pudo acceder al interior de su vivienda en una semana porque los bomberos forzaron la cerradura para entrar en el inmueble.

Elisa fue la primera víctima. ¿Quién vendrá detrás? ¿Seremos tú y yo? ¿O es que el calor de agosto me torna agorero?

Como medida preventiva, voy a memorizar "El perseguidor" de Cortázar mientras escucho a Charlie Parker y veo "Bird" una y otra vez (puede que también quieran destruir mis discos y mis películas, así que con esa asociación mental me será más fácil acordarme del cuento).

Espero que tú, que me estás leyendo a mí en vez de memorizar algo de provecho, me hagas saber que vas a hacer al respecto.

¡El mundo te necesita!

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30 Julio 2005

MUCHO MÁS CERCA

En algunos momentos delicados me viene a la cabeza de forma automática la última secuencia de "Perdición" y ese diálogo soberbio entre Fred MacMurray y Edward G. Robinson con el que Billy Wilder te traspasa el alma.

Fumando su último cigarrillo Mac Murray le espeta a su amigo que no supiera adivinar que el criminal al que había buscado incansablemente (y que es el propio Mac Murray) estaba en el despacho de al lado. Con una mirada impagable, Robinson le contesta que no, que estaba mucho más cerca.

No hay grandes aspavientos, ni gestos grandilocuentes. Sólo dos grandes actores interpretando un guión excepcional ante una cámara respetuosa y no intrusiva.

Es únicamente una película, pero hay gente así.

Hay personas en este puto mundo que hacen que sobre el adjetivo "puto".

Hay gente que da todo lo que tiene a cada paso, pero no para obtener a cambio una ridícula esperanza de santidad, sino porque no saben ser de otra manera.

Hay compañeros que están tan cerca de tí que ni siquiera eres capaz de verlo, hasta que un día encajan un golpe y te das cuenta de que a tí también te duele.

Hay amigos que están tan sólo a un blog de distancia... pero que -en realidad- están mucho más cerca.

Hoy quiero dedicar mi artículo a uno de ellos

Va por tí yeyo.

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28 Julio 2005

"PLEIN AIR"

En un pasado no muy lejano, yo también fuí un asiduo, incontrolado e irracional visitante y "coleccionista" de museos.

Como tantos otros, he esperado pacientemente durante horas para poder darme un atracón visual -sin mucho orden y ningún concierto- de todo aquello que "debía ser visto".

He formado parte de esa competición recolectora que bajo el lema "yo estuve allí" invade villas y ciudades de medio orbe.

Ahora mi actitud es ligeramente diferente.

Me he sacudido ese estúpido complejo de culpa pequeño-burgués que nos incita a detenernos de forma compulsiva ante cada objeto enmarcado que encontramos o ante cada pieza encerrada en una vitrina bajo ciertas condiciones de presión, temperatura y humedad.

Mi punto de vista sobre el arte (con minúsculas, por favor; los elitismos me estriñen...) se reduce a una idea sencillísima.

Cualquier creación artística me interesará si me comunica algo de algún modo (este tipo de cosas funcionan mejor por ósmosis) y, si no despierta siquiera mi curiosidad, merecerá tanto mi respeto como mi más absoluta indiferencia.

Eso no quiere decir que no me apasione la Historia del arte o que no me fascine la idea de ampliar mis conocimientos artísticos de forma incesante (el día en que deje de aprender ya podréis incinerarme, aunque pienso arder durante muuucho rato).

Pero, en la base de todo, siguen estando mis visceras. Mis sensaciones, mi percepción...

Todo aquello que nos dota de una visión estética determinada del universo. Que nos hace únicos pero complementarios.

La presencia más habitual en los museos suele concentrarse en otro tipo de prioridades

Una institución que obligue a sus visitantes a absorber tan enorme saturación de información -mientras soportan estoicamente y a pie el peso de su cuerpo, una mochila, un par de cámaritas digitales, la consabida bolsa de bocatas y refrescos, la audioguía del museo y souvenirs varios para el sobrinito de Cuenca- durante más de dos horas, tendría que ser condenada con severidad.

Aunque estoy convencido de que ciertas personas disfrutan de esta manera de encapsular la vida. Es la cultura de la reliquia a la que ya me he referido anteriormente.

Dejando de lado el harto conocido debate sobre la utilidad arquitectónica de los museos en sí mismos (¿qué ocurre cuando encierras obras de arte dentro de una obra de arte?) y sobre la falta de contacto real con la sociedad que los venera, creo que estas instituciones podrían intentar dirigirse mucho más a los ciudadanos de las urbes donde se erigen que al turista ocasional.

Para evitar que cualquier obra humana muera de inanición es inevitable cierta cantidad de movimiento.

En mi cabeza, el museo ideal ni siquiera responde a ese nombre.

Carece de "exposiciones permanentes".

El arte es nómada y temporal por naturaleza. Todo en él es más dinámico, abierto y directo.

El visitante puede llegar hasta él dando un paseo por su ciudad y no comprando un billete de avión.

Recorrerlo nunca lleva más de hora y media (más allá de ese límite la atención humana disminuye hasta el punto de convertir el placer de la visita en un ritual sadomasoquista inútil)...

...y la tienda de regalos no es un atraco a mano armada institucionalizado.

De acueeeeerdo. Ya me bajo de la nube, pero no me negaréis que estaría bien ¿eh?

A medio camino entre la búsqueda de la frescura y el "marketing" más descarado, un museo de Viena acogerá gratuitamente -mañana viernes- a todos los visitantes que se presenten desnudos o en traje de baño a una exposición que presentará obras eróticas de Klimt y Schiele.

He de admitir que -a riesgo de resultar cursi- me encanta Schiele, pero no soy capaz de soportar tanto pan de oro en las obras de -su admirado maestro- Klimt.

Me estoy yendo por las ramas como de costumbre... De vuelta a la noticia, la portavoz del museo asegura que con unos 70.000 visitantes, la exposición alcanzó ya su objetivo de frecuentación y simplemente quiere "intentar algo que no se había intentado aún nunca".

Aparte de que con esta propuesta el número de "piezas de museo" que se podrán ver mañana aumentará considerablemente (ojalá aumente también el número de monumentos) hay algo que me interesa sobremanera.

¿Contribuye este tipo de iniciativa a la comodidad de los visitantes? Quizá les permite (¡por fín!) disfrutar de la contemplación gozosa de la exposición (en todos los sentidos).

Es de esperar que las cámaras sean prohibidas junto con la ropa, pero confío en que permitan llevar zapatillas. Esa sí sería una idea redonda.

Al fín y al cabo, el cuerpo humano es una obra maestra (bueno, exceptuando el de esa persona en la que estás pensando) y precisa unas condiciones determinadas de presión, temperatura y humedad.

El mío por ejemplo, en esta época del año, sólo se siente cómodo cuando ando por mi casa en pelota picada.

Os dejo con esta sugerente invitación de los vieneses. Yo me marcho corriendo a pedir una subvención para montar un pequeño museo en mi salón y poder cobrar del Estado por pasearme en cueros mientras celebro un cóctel inaugural apropiado.

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27 Julio 2005

¡TODO UN ÉXITO!

Hace casi tres décadas que en todo el planeta se inició un cambio progresivo en el mundo de la educación. La Humanidad llevaba demasiado tiempo martirizando a las nuevas generaciones de estudiantes. Los había reprimido, torturado, humillado, explotado y expuesto a una gran gama de castigos físicos y psicológicos. Todo eso tenía que cambiar.

¡Y vaya si cambió! Al principio las mejoras fueron evidentes y la progresión prometedora (si exceptuamos la vestimenta).

Pero entonces algún pajarraco de mal agüero inventó el concepto de "lenguaje políticamente correcto".

La lengua podía ser viperina, afilada, sucia, ofensiva, racista y sexista. En su afán por limpiarla de todos sus vicios, los pedagogos de moda se extralimitaron con el lavavajillas.

En lugar de hacer de ella un instrumento de expresión y comunicación sutil y único, miles de profesionales de la castración lingüística se encerraron en su respectivas torres de marfil para competir en la creación del eufemismo más ampuloso y aberrante.

Recuerdo haberme encontrado cara a cara con la justa indignación de un profesor universitario de Lengua que, sentado en las escaleras de acceso a su clase, intentaba digerir lo que acababa de escuchar en un congreso de eruditos del idioma.

Cuando le pregunté por los motivos de su aflicción me contó -desesperado- que al final del congreso se había aprobado una propuesta para pedir a las autoridades educativas la sustitución en las aulas de un gran número de palabras corrientes y molientes (tan hermosas como concisas) por un conjunto de abigarrados despropósitos.

El mayor disparate era el de sustituir la palabra "enano" -que encontraban profundamente ofensiva- por (redoble de tambores) "proyecto de verticalidad frustrada".

A raiz de aquel encuentro resolví que si alguna vez quería ofender e insultar a un enano le llamaría "proyecto de verticalidad frustrada". Es una expresión tan estúpida como hiriente.

Pero los años no pasan en balde. Ahora ni la verticalidad ni la dulce infancia pueden verse frustradas en modo alguno. Educamos entre pesadas cadenas de algodón rosa a nuestros hijos para que en el futuro se suiciden ante el más mínimo embate de la realidad. No se qué tipo de educación es más monstruosa, si aquella que defendía la brutalidad y la disciplina grotesca del "la letra con sangre entra" o esta que pretende convertir a los críos en "margarina light"

En esta línea, un grupo de profesores británicos ha propuesto eliminar de las evaluaciones el término "suspenso" y sustituirlo por "éxito aplazado". Dicen que así evitarían desmoralizar a los alumnos.

La propuesta está siendo considerada por la Asociación Profesional de Profesores de Reino Unido (PAT). Sus defensores opinan que la palabra "suspenso" puede generar una frustración que podría retrasar el aprendizaje de los estudiantes.

Un portavoz del grupo dijo que con esta medida se evitaría etiquetar a los niños. "Nosotros entendemos que los alumnos no tienen por qué alcanzar el éxito a la primera", argumentó.

Pues bien, por ese mismo motivo se debe poner en contacto a los alumnos con la experiencia del FRACASO.

Parte de las cosas más importantes que he aprendido en mi vida han surgido de algunos torpes intentos primerizos a la hora de conseguir mis objetivos. El fracaso en cada empeño prematuro me hizo reconsiderar mis estrategias y así también me dí cuenta de que la mayoría de las equivocaciones "no son para tanto".

Mi vida entera es más llevadera gracias a que he experimentado esos fracasos. Los suficientes como para aprender sin desmoralizarme.

¿Adónde podría llegar una generación de personas que sólo ha conocido el éxito (aplazado o no)?

Los que sobrevivieran a nuestra increible ineptitud como educadores, serían con toda seguridad una panda de arrogantes hijos de puta, condescendientes y orgullosos.

¿Dirías que un acto terrorista no merece un "suspenso" moral? ¿Es acaso el exterminio sistemático de seres humanos un "éxito aplazado" de la paz mundial?

Estoy convencido de que los miembros de Scotland Yard apoyarán esta iniciativa en el Reino Unido. Así sus hijos sabrán que el comportamiento de la simpática policía británica al asesinar a sangre fría a un inocente en el metro de Londres es sólo un retraso en la consecución de un mundo más humano y cabal en el que todos nos amemos como hermanos (Caín y Abel para ser exactos).

En resumen...

A LAS COSAS HAY QUE LLAMARLAS POR SU NOMBRE.

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26 Julio 2005

EL SABUESO ¿PLAGIADO? DE LOS BASKERVILLE

Recordaré mientras viva el día en que la delgada línea que separa la falsificación de la autoría y la genialidad de la impostura quedó difuminada para siempre en mí cabeza.

Fue la deliciosa tarde -hace ya muchos otoños- en que me quedé petrificado tras ver esa magistral declaración de intenciones con aroma documental llamada "F for fake". La firmaba un maestro de la prestidigitación llamado Orson Welles y, desde entonces, nunca he podido volver a adoptar un punto de vista dogmático sobre este tema.

Y no parece que yo sea el único. A todos nos atrae la idea de ver a un escritor de historias de suspense, misterio y crimen involucrarse en el mismo tipo de fechorías que sus personajes desvelan.

Si leyera lo que voy a narrar a continuación en un guión cinematográfico lo desecharía por trillado y falto de imaginación. Pero donde lo he leído es en la prensa. Y el implicado no es cualquier escritorzuelo. Es el mismísimo Arthur Conan Doyle.

Un equipo de investigadores pretende exhumar un cadáver en un pueblecito inglés para determinar la veracidad de los rumores según los cuales el célebre escritor envenenó a un colega tras plagiarle uno de sus libros más famosos.

El libro es nada menos que "El sabueso de los Baskerville", publicado bajo la firma de Conan Doyle, pero que, según algunos, fue escrito en realidad por su amigo Bertram Fletcher Robinson, abogado, escritor y periodista.

El cadáver de este último reposa en el pequeño cementerio de la Iglesia de San Andrés, en la localidad de Ipplepen, condado de Devon, en el suroeste de Inglaterra.

La teoría es que Conan Doyle (1859-1930) envenenó a su amigo, administrándole láudano para evitar que se descubriera el plagio.

Fletcher Robinson falleció en 1907 y en el certificado de defunción se señala unas fiebres tifoideas como la causa, algo que no aceptan quienes pretenden examinar ahora sus restos.

Estos, un escritor llamado Rodger Garrick-Steele, y el científico y ex policía Paul Spiring, pedirán permiso a la diócesis de Exeter, de la que depende la parroquia, y al ministerio del Interior británico para exhumar los restos de Fletcher Robinson.

El equipo de seis personas que han formado incluye a un patólogo y a un toxicólogo, según informó el diario "The Daily Telegraph".

Spiring, que lleva ya algún tiempo investigando el asunto, sospecha que Conan Doyle, que no quería verse acusado de plagio, utilizó a la esposa de Fletcher Robinson, con la que tenía supuestamente un aventura, para administrarle el veneno.

Los admiradores del creador de "Sherlock Holmes" descartan por descabellada la idea de que el novelista hubiera asesinado a su amigo, aunque reconocen que la contribución de Fletcher Robinson a la gestación de aquella obra ha sido minimizada.

En una nota a pie de página en la primera edición de "El sabueso de los Baskerville", Conan Doyle reconoce que el relato se debe a su "amigo" Fletcher Robinson.

Este acompañó al autor a la localidad de Dartmoor, donde Conan Doyle encontró inspiración para la historia, luego llevada al cine, del malvado Sir Richard Cabell, que vendió el alma a Satanás y fue arrastrado hasta el infierno por una jauría.

Heather Owen, de la Sociedad Sherlock Holmes, cree que la teoría del envenenamiento es totalmente incompatible con el carácter del novelista, a quien describe como fiel a su esposa hasta la muerte de ésta.

Tuvo durante el matrimonio una relación intensa, aunque sólo platónica con Jean Leckie, con quien, tras enviudar, contraería nuevo matrimonio y con la que vivió luego felizmente.

Según Owen, citado también por "The Daily Telegraph", Conan Doyle quiso que el libro se publicase con el nombre suyo y el de Flecher Robinson, pero al editor no le gustó la idea porque el único que venía era el primero.

Dudo mucho que se llegue a aclarar este embrollo. Tal y como mis compañeros de fátigas musicales -Alberto P Punto y Tony Couple- tuvieron ocasión de comprobar durante la celebración de la primera edición del "Taller de composición musical lúdico-constructiva de La Maison Du Poulet", lo más probable es que hoy en día Sherlock Holmes estuviera en el paro. Abandonado por la fama y la fortuna en un mundo que admite más puntos de vista de los que el detective victoriano podría tolerar...

Y él sería la única persona apropiada para resolver el enigma planteado por su creador.

Las certezas del ayer se pagan mal, reza el primer verso de "Souvenir en Baker street", la canción que resultó de aquel taller y que se ajusta como un guante a esta situación (Tras unas cuantas copas, también pensamos en componer un espantoso reggaetón que se llamara "Watson talibán" pero lo dejamos, sospechando que podría dignificar al género que pretendíamos ridiculizar).

No tengo ni la más remota idea de cuál es la verdad detrás de los titulares. Sólo sospecho que todos somos un pozo de contradicciones en sí mismo.

El carácter de Doyle podría mostrar otras tendencias menos agresivas que el asesinato, pero no hay que olvidar que el gran maestro de la lógica deductiva, era también un vehemente defensor del espiritismo. Y esa es una señora incongruencia.

Además, ¿va a cambiar la maestría del relato porque el nombre de su autor sea otro? Lo dudo mucho. El propio Holmes es un personaje de moral dudosa, tal y como nos mostró ese travieso geniecillo vienés llamado Billy Wilder en su película más injustamente incomprendida.

En cualquier caso, es evidente que exhumar cadáveres está de moda. Esperemos que cierto fan chino de Truffaut no se entere de esto.

Yo, por si acaso, pienso disfrutar de mis copias de "F For Fake" y "La vida privada de Sherlock Holmes" una vez más, aprovechando que tengo la excusa perfecta.

Como si la necesitara...

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24 Julio 2005

¡A LA RICA RELIQUIA...!

Parece consustancial a nuestra existencia. Como si nos entregaran desde el útero en un gran paquete promocional con nuestros miedos, inseguridades, aficiones y adicciones incluidas.

La cultura de la reliquia ha estado ahí desde el principio de los tiempos. Es una broma pesada del espacio-tiempo que nunca hemos conseguido tomar a la ligera. Intentamos suplir la carencia de contacto con nuestros modelos más queridos por medio de una posesión material y vicaria: Este libro lleva anotaciones de puño y letra de Fulano, en esta sábana estuvo el cadáver de Mengano, esta toalla empapó el sudor de Zutano en aquel mítico concierto de…, etc...

Mientras el asunto quedaba reducido a la petición de autógrafos no me preocupaba en exceso. Hasta que un buen día, hace más de una década, leí que se iba a subastar en Londres un puro que había fumado Orson Welles. En rigor, una colilla de puro…

Como de costumbre, me deslumbró la suprema ironía de nuestras ridiculeces. Welles siempre fue una persona empeñada en poseer las cosas y en no dejar nunca que estas le poseyeran a él. Era lo más contrario que se pueda ser a este tipo de prácticas pseudo-místicas.

Esta subasta no era más que otra mueca paradójica en nuestro devenir cotidiano. Sólo que aparecía en la prensa.

También desde siempre, ha habido mercaderes de la reliquia al otro lado de la barrera, inmunes al efecto cautivador y fascinante de su mercancía. Pero en la última semana les he visto caer en su propia trampa.

François Miterrand y Jacques Chirac decidieron en los años 80 hacer el más difícil todavía. Perpetuar una ciudad entera como en objeto de culto, codicia y anhelos nostálgicos. La reliquia se llamaba París.

Hasta entonces, París ya contaba con el mejor de los historiales para este propósito. Capital cultural, romántica y artística en alguno de los períodos más decisivos de nuestra historia reciente, repleta de grandiosas muestras del orgullo y la vanidad humanas y también de numerosos y acertados ejemplos de la voluntad de un pueblo para ser más feliz; el camino estaba sembrado para los mercachifles de la gloria y la posteridad.

Sin embargo, el entonces Presidente de la República y el alcalde de París, respectivamente, cometieron un error de cálculo. Pusieron el acento en la monumentalidad, en la desmesura avasalladora de nuevas obras cada vez más faraónicas, olvidando que aquellos que amamos la villa que rodea al Sena, lo hacíamos por sus pequeños rincones, por su vitalidad, por detalles inaprensibles e inmateriales y por la escala humana de sus logros…

Hacía siete largos años que no visitaba a esa vieja y conocida compañera de fantasías y desencuentros. He disfrutado enormemente y París sigue tan hermosa como siempre. Más aún. Pero sus imágenes desfilaron por mis ojos sin inducirme ningún tipo de emoción especial aparte de una cierta indiferencia cansina.

Casi al final de mi viaje, haciendo un compendio de mis percepciones de los últimos días llegué a una devastadora conclusión: París está agonizando, ahogada por su propia grandilocuencia. Se ha convertido toda ella en un museo enorme y hueco por dentro.

Y como de costumbre, en esos breves momentos de lucidez, el Absurdo irrumpe con toda su fuerza y desparpajo para poner la guinda al pastel del sinsentido diario.

Cuando creía que no se podía ir más lejos en la “reliquización” humana, encontré ante mis propias narices la cuadratura del circulo: La reliquia de ida y vuelta.

Intentar disfrutar de la tranquilidad de París en el mes de julio es siempre un imposible que desemboca en lo que yo llamo T.A.R. (Turismo de Alto Rendimiento). Anteayer, tomamos la decisión de finalizar nuestra visita en el sitio más reposado que pudiéramos encontrar. Y claro, el cementerio de Montmartre nos venía que ni pintado…

Pero, como todo en la “ciudad-luz”, los cementerios también son objeto del turismo-reliquia.

La revelación se produjo frente a la lápida de uno de sus ilustres inquilinos: François Truffaut. Casualmente (otra broma cruel) un artista por cuya obra siento gran admiración y cariño (aunque nunca he sabido si ese cariño proviene más bien de esa manera apasionada que tenía de irradiar un amor fou por el cine en lugar de por sus películas en sí).

A los pies de la tumba "yacía" un DVD (envuelto aún en un plástico empapado del rocío de la mañana) que contenía una de sus más célebres películas (Jules et Jim) doblada al chino (al principio supuse que sería japonés pero la contraportada lo especificaba claramente).

Allí estaba yo, tratando de imaginar si el propietario original del DVD había intentado remedar el triángulo amoroso del filme cambiando a Jules por lo que queda de Truffaut y autoproclamándose Jim a la vez que convertía un disco de plástico en el nexo de unión/objeto de deseo de ambos. Y lo confieso, joder, me entró la risa…

Rodeado de unos pocos curiosos que -desde la tumba de Berlioz- me miraban de reojo y que debían pensar que mi actitud era una grosería hacia la figura del cineasta francés (al que probablemente respeto más que todos ellos juntos, pero al cual no identifico con un montón de huesos sin vida) yo no podía evitar pensar en el/la chino/a que ofrecía como “ofrenda” a su ídolo algo que ese mismo ídolo había creado. (¡Hay que tener agallas!).

El gran Santana (Jesús, no Carlos) me hizo el favor de hacer esta foto para reflejar fielmente mi estado de estupor.

El efecto boomerang de la reliquia está servido. Espero vuestros comentarios al respecto.

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16 Julio 2005

MARTILLAZO CELESTIAL

Corren malos tiempos para la sutileza.

Esta es la sociedad de la prisa, del ruido, de la velocidad, del impacto, de la acción constante, de la espontaneidad irreflexiva, de la inmediatez, del aquí y el ahora...

La prensa prepara portadas cada vez menos sensacionales y más sensacionalistas. Los titulares cuentan más por su forma de llamar la atención que por la descripción de las noticias.

La radio es terreno abonado para tertulias en las que domina quien mejores pulmones tenga y quien más burradas sea capaz de soltar en el menor tiempo posible.

La televisión está invadida por "reality shows"; supuestos experimentos sociológicos que garantizan relleno para una programación barata y efectista. Se regodea en su propia mediocridad y hartazgo con impetú escatológico.

El ocio se concentra en monstruosos centros comerciales. Mamotretos de acero y cristal. Monumentos a la evanescencia del consumismo que mantienen su clientela hasta la apertura del siguiente, más grande, más espectacular, más vulgar...

La música sigue ritmos de indolencia machacona, repetitiva y cansina. Embota los sentidos bajo la esclavitud de la corriente.

El cine es como una inmensa caja de espejos vacía. Un cajón de sastre de subgéneros estúpidos que se autoproclaman "de culto". Todo hace referencia a algo anterior, todo está vacio de contenido y lleno de guiños pretendidamente cinéfilos y verdaderamente cinéfagos. Si tuvo éxito antes lo tendrá ahora...

El teatro ya no crea, adapta constantemente y transforma cuaquier historia nimia en un gran musical (sólo en el tamaño) o cualquier gran historia en nimiedad. Las piezas se anuncian en virtud del número de luces, artilugios y efectos especiales que contienen.

La danza busca la ampulosidad en lugar de la fluidez, la vistosidad en lugar de la reflexión, la individualidad en lugar de la armonía.

La comida se hace en serie, rápido y mal. No hay tiempo para convertir un almuerzo en un placer para los sentidos. Hay que volver rápidamente a nuestra carrera hacia ninguna parte.

Ni siquiera el cielo es el lugar sereno y aburrido que nos vendieron de niños y en el que -hace ya mucho- deje de creer...

Hasta anteayer se nos decía que tal o cuál persona había recibido una señal del cielo que marcaba su vocación religiosa de entrega y servicio. Y esa señal era algo tan personal, privado y mínimo que solía pasar desapercibida para el resto del mundo.

Pero hay que ponerse al día. Ahora se incita a los creyentes a volver al mundo de venganzas, ira, castigos, llamaradas de fuego y plagas implacables del antiguo testamento.

Así le ha ocurrido a un hombre-símbolo de nuestros tiempos, José María M., que ha visto la luz a base de martillazos.

El 13 de abril, José María mató a su mujer de 34 años y a sus dos hijos de 6 y 2 años en su domicilio de Elx. La muerte fue causada por los golpes y martillazos que les propinó en la cabeza . Tras los hechos se dio a la fuga y fue detenido tres horas después en una pedanía.

Durante las tres horas en las que permaneció huido, José María M. compró ropa en una tienda donde abandonó las prendas manchadas de sangre y sacó dinero de un cajero. Era evidente su intención de escapar.

Pero esta semana las cosas han cambiado. José María ha mostrado su deseo de ordenarse sacerdote, según manifestó ayer su abogado, José Mariano Trillo, quien indicó que para el supuesto parricida lo sucedido «es una prueba enviada desde el cielo que le ha despertado su vocación».

El abogado resaltó que su defendido, en prisión por la muerte de su esposa y sus hijos a golpes, «quiere hacerse sacerdote» y que está «convencido». En todo caso, sería «un sacerdote de hábito negro» (yo diría más bien que "de negros hábitos") y, aunque reconoció que lo «tiene difícil» actualmente como preso preventivo, no descartó pedir su reclusión en un monasterio para que cumpla la pena en el caso de que sea condenado.

Trillo indicó que en ese caso el detenido debería estar «bajo la custodia del abad del monasterio» y que sería la primera vez que se diese una petición de estas características en España.

El abogado explicó que en EE.UU. «las libertades condicionales las controla un tutor» y que «un médico puede tutelar» casos de drogadicción, por lo que «por qué no va a estar vigilado bajo la tutela de un abad».

Dejando de lado el hecho de que EE.UU. jamás podrá ser un ejemplo en todo lo que concierna al ejercicio de libertades (aunque sean libertades... condicionales) hay varias cosas que llaman poderosamente mi atención:

1. Un médico conoce el mecanismo de adicción de un drogadicto. ¿Debo suponer que un abad se convierte en criminólogo automáticamente desde el día en que se ordena?

2. Que la Iglesia Católica ha sido, durante siglos, refugio de algunos genocidas de renombre (como, por ejemplo, los papas que condenan a sus fieles africanos a morir de sida) y de miles de criminales anónimos (que últimamente están saliendo a la luz más de lo que les gustaría) es indudable. Pero de ahí a transformar los monasterios en prisiones de lujo para todos aquellos que se convierten (a base de propinar la muerte a martillazos a sus semejantes) hay un trecho considerable.

3. Ya puestos, ¿por qué no enviamos a los presos comunes que viven hacinados en nuestras prisiones a repartirse por los monasterios de todo el país? Espacio de sobra habría y puede que la Iglesia encontrara una nueva fuente inagotable de fieles.

Pero todo esto es un sueño imposible, porque todos sabemos que la Iglesia sólo escoge a criminales de alto "standing" y gran reputación para difundir su (vieja) nueva: Dios es amor (y, en ocasiones, un amor algo pederasta y partidista).

Bajo la tutela de Nazinger Z, ahora existe la oportunidad única de regresar a los tiempos del concilio de Trento y ya de paso a los de las señales del cielo en forma de zarzas ardientes, apertura de mares, diluvios universales... y martillazos.

Os dejo orando sobre este punto en particular. Como el tema requiere su tiempo y yo tengo que irme una semanita a predicar por París, no esperéis sermones nuevos hasta mi regreso.

Amén.

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