SALUDOS, TERRÍCOLAS

Os habla el ente corpóreo Pierre Defoto desde la superficie de la luna.
Ante todo, debo agradecer a nuestro ilustre patrocinador "Café Jurfendu" que nos haya permitido comunicarnos con vosotros a través de este medio.
No insistáis en conocer de dónde vengo. He olvidado mi procedencia originaria tras mi largo periplo por los confines de vuestra galaxia.
Me avalan excepcionales referencias cósmicas. He visto millones de estrellas, navegado a través de tormentas de asteroides, sobrevivido a largas exposiciones directas a los rayos cósmicos, ultrajado los secretos ocultos de gran parte del universo conocido, observado la aniquilación de civilizaciones con millones de años de antigüedad, escapado de milagro a la metralla del Big Bang y conseguido aparcamiento en primera fila de playa en Alfa Centauri (en plena temporada alta).

Hoy me he posado sobre la superficie de vuestro paupérrimo satélite, para poder contemplar más de cerca el comportamiento de la especie más absurda de la Vía Láctea.
Pero un acontecimiento singular me ha apartado bruscamente de mis investigaciones. Contrariamente a lo que los siglos de exploración y el más elemental sentido común han propugnado durante generaciones, hay habitantes en la Luna.
Y he sido secuestrado por ellos.
Sin embargo, los signos externos -previos a nuestro encuentro- no parecían dejar lugar a dudas.
El ambiente era irrespirable y el paisaje desértico.
La superficie estaba llena de cráteres y abismos de kilómetros de diámetro.
Los surcos provocados por la corriente de agua de las antiguas máreas lunares permanecían ahora secos y sin vida.
Todo en este paraje desolador resultaba inhóspito y caótico.
Hasta que hallé el monolito.
Semi-enterrado en una zanja producida por la intensa actividad sísmica que se produjo hace varios milenios, apuntaba orgulloso una de sus aristas señalando hacia el infinito.
A su alrededor gran cantidad de maquinaria obsoleta e infernal dormía el sueño de los justos.

Hechizado por tal hallazgo descendí cuidadosamente y -tras examinar brevemente- las formas y reducidas dimensiones del citado monolito, procedí a a retirar parte del polvo lunar que lo cubría.
Entonces vislumbré en carácteres lunares y brillantes la siguiente inscripción:
"M-30 Sur. Tramo cortado por obras de mejora. Disculpen las molestias".
Un grito aterrador rasgó de inmediato el tejido del espacio-tiempo. Dos habitantes de la luna habían codificado su lenguaje para que mi cerebro pudiera descifrarlo. El que antes profiriera el grito dijo: "Ahí está" y ambos se abalanzaron sobre mí a gran velocidad.
Mis posibilidades de escape eran nulas. Desesperado intenté alcanzar la parte alta de la zanja, pero los alienígenas, que vestían atuendos de vivos colores reflectantes para sembrar la confusión en mi maltrecho cerebro, me atraparon sin mucha dificultad.
Sin perder un segundo, realizaron un agresivo examen de mi cuerpo (con sus terribles ojos salidos de sus órbitas). Uno de ellos tras palparme la frente en varias ocasiones dijo: "Tiene una insolación de mil pares de cojones".
Sumido en el mayor de los pánicos intenté imaginar qué me podrían estar haciendo mil pares de lo que quiera que fueran los "cojones" esos. ¿Me habrían inyectado algún tipo de parásitos lunares?

Con mis extintas fuerzas alcancé a ver cómo me trasladaban a un pequeño vehículo espacial con la clave "SAMUR" dibujada en su carcasa exterior.
Luego perdí el conocimiento.
Ahora estoy yaciendo en una especie de aposento inmaculado con un extraño olor a lejía.
Me encuentro completamente desnudo y con tan sólo una especie de atuendo de papel barato para cubrirme.
Extraños tubos salen de mi brazo y van a parar a un recipiente colgado de un brazo mecánico inerte. Nada parece sujetarme salvo ese tubo, pero no me atrevo a intentar la huida. Las salidas están vigiladas y desconozco que podría encontrar en el exterior.
Me han amenazado con la pronta visita del Redactor-Jefe de una publicación llamada "Hogar Y Cactus".
Tengo que actuar con celeridad.
Por el momento, sigo tumbado sobre una cama articulada con la inscripción "Hospital 12 de octubre". A mi lado, otra víctima de los alienígenas me ha sonreído y me ha proporcionado un artilugio con el cual enviaros este mensaje de socorro. Parece ser que lo llama "portátil".
No puedo facilitaros más detalles sobre mi ubicación exacta.

Durante mis observaciones anteriores habéis demostrado ser una especie pueril y salvaje que disfruta con la tortura y el exterminio de vuestros congéneres.

Pero también os he visto realizar actos del más sorprendente heroismo con relativa frecuencia. Y, en cualquier caso, no tengo nadie más a quien recurrir...
Terrícolas, ¡ayudadme!. Organizad una expedición de rescate. Sabré compensaros con creces. Os brindaré los parabienes del conocimiento cósmico, os desvelaré todos mis secretos y...
...¿os he dicho que puedo conseguir aparcamiento en primera fila de playa en Alfa-Centauri?

¡AUXILIOOOOOOOOOOO!
Fin de la transmisión...
servido por Pierre Defoto
Sólo hay una cosa que me moleste más que no ser tomado en serio: que me tomen demasiado en serio.
yeyo dijo
Querido amigo Pierre:
Creo que te encuentras en el epicentro de un lugar llamado España, más exactamente Madrid y sí, está lleno de cráteres. Yo tampoco estoy seguro si es porque hacen pruebas de misiles o porque buscan algún tesoro, pero no, no es la luna...
Siento decirte que de las garras de las "sondas" (y no espaciales exactamente) no te podemos librar. Igual hay alguna que te explorará algún agujero negro y...¿quién sabe? con la misma te gusta...jajajajajaja
Atentamente:
yeyo
6 Agosto 2005 | 05:56 PM