FAHRENHEIT 451

Era un placer especial ver cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas. Empuñando la embocadura de bronce, esgrimiendo la gran pitón que escupía un queroseno venenoso sobre el mundo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes, y que las manos, como las de un sorprendente director que ejecuta las sinfonías del fuego y los incendios, revelaban los harapos y las ruinas carbonizadas de la historia. Con el simbólico casco numerado -451- sobre la estólida cabeza, y los ojos encendidos en una sola llama anaranjada ante el pensamiento de lo que vendría después, abrió la llave, y la casa dio un salto envuelta en un fuego devorador que incendió el cielo del atardecer y lo enrojeció, y doró, y ennegreció."

Así empezaba la pesadilla -futurista pero menos- que Ray Bradbury escribió en 1954. Una descripción certera, seca y demoledora de una sociedad en la cual el cuerpo de bomberos ha olvidado su cometido primigenio y se dedica al ejercicio -mucho más divertido, tengo que reconocerlo- de la piromanía más exacerbada.
Su objetivo son los libros. Objetos prohibidos que incitan a la rebelión de las masas y deben ser eliminados con la mayor celeridad posible.
Han pasado muchos años desde que leí esta excelente novela y casi tantos desde que ví la adaptación cinematográfica que hiciera mi querido François, el ídolo francés de los chinos necrófilos.
La verdad es que las amenazas totalitarias a las que nos enfrentamos todos los días son mucho más sutiles que la que nos presenta este relato, así que siempre he pensado que todo quedaba en una hermosa metáfora (la existencia de "hombres-libro" y su consiguiente exaltación de la narración oral).
No hay arte que más admire y respete que aquel de saber contar una buena historia.

No hay labor que más me fascine que la del cuenta-cuentos o "cuentero" como se le llama de forma deliciosa en hispanoamérica para distinguirlo de los innobles y numerosos "cuentistas" que andan sueltos por el mundo.
Pero siempre supe que, aquellos a los que interesa comenzar el incendio, nunca dejarían que nos dieramos cuenta fácilmente.
No, los bomberos no irían por las calles asaltando hogares para prenderles fuego. Hay otras maneras de acabar con los amantes de la letra impresa.

Se ha optado por combatirnos con nuestras propias armas.
Se editan cada mes millones de libros que no merecerían ni el desperdicio del queroseno que se precisaría para quemarlos.
Cualquier escritorzuelo avezado aspira a la popularidad banal o -mucho peor aún- a la impertinente trascendencia.
Sin embargo, no todo está perdido. Existen resquicios por los que aflora la literatura con el vigor y la sencillez de las historias bien contadas, sin necesidad de temas "más grandes que la vida" -pues nada hay más apasionante que la pequeñez de esta-, sin códigos Da Vinci ni grandes batallas mitológicas entre criaturas imposibles...
Y muchos de esos resquicios están en algunos de los diarios de bitácora de Internet que he leído en el último lustro.
Pero ¡ay!, tan legitimados se creen los poderes fácticos que han olvidado su pacto de secreta sutileza y -cual elefante en una cacharrería- han decidido darle la razón a Bradbury y, de paso, a Kafka.
Cuando menos lo esperábamos han llegado los bomberos pirómanos, sólo que -para hacerlos aún más inquietantes y temibles- alguien los ha convertido en portadores del peor de los virus: el error burocrático.
El pasado 25 de mayo no logré conciliar el sueño cuando descubrí que la represión había empezado en mi propio país y aún mucho más cerca de mi corazón que de mi hogar.
El mundo de Fahrenheit 451 comenzaba en La Coruña.
Con el paso de los meses he perdido la pista del avance de los pirómanos, pero están ahí... en alguna parte.
Y no logro olvidar como se inició todo...

El departamento contraincendios del Ayuntamiento coruñés provocó aquel día un incendio pavoroso en el interior del número 55 de la calle Montes a causa de "un lamentable error".
Su máximo responsable pidió a la propietaria de la vivienda "excusas" por los daños ocasionados en el inmueble, pero en el fondo, sé que sonreía implacable...
Según parece, los bomberos coruñeses incendiaron el inmueble durante un ejercicio práctico incluido en el programa de un curso de capacitación para la investigación de incendios organizado para contribuir a la profesionalización de los investigadores de la Guardia Civil.
Con tan loable intención prendieron fuego al interior de la vivienda creyendo que se encontraba en ruinas y que ya había sido expropiada por el Ayuntamiento.
La equivocación se produjo cuando un responsable de bomberos telefoneó, poco después de las ocho de la mañana, al departamento de ruinas del Ayuntamiento, dependiente de la Concejalía de Urbanismo, y solicitó la dirección de una vivienda expropiada para realizar en ella un ejercicio práctico de extinción de un incendio.
Los funcionarios de la Concejalía de Urbanismo facilitaron la dirección del número 55 de la calle Montes creyendo que se trataba de un inmueble en estado ruinoso que ya había sido expropiado y al que los bomberos prendieron fuego.
Lo cierto es que la casa no había sido declarada en ruinas ni había sido expropiada, sino que tenía todavía dueño y su interior estaba amueblado con mobiliario nuevo que se vio afectado por las llamas.
El representante de los bomberos de La Coruña explicó que en el cursillo organizado para la Guardia Civil "lo importante no es la teoría, sino la práctica" y añadió que para ello "primero es necesario provocar un incendio".

El portavoz del Servicio Municipal Contraincendios indicó -para más INRI- que "no era la primera ocasión en la que realizábamos algo así" (¡LO SABÍA! ¡ESTAMOS PERDIDOS!), aunque añadió que hasta ahora "jamás había ocurrido nada semejante".
La propietaria de la vivienda incendiada (¿por error?), Elisa Méndez Pereira, no pudo acceder al interior de su vivienda en una semana porque los bomberos forzaron la cerradura para entrar en el inmueble.
Elisa fue la primera víctima. ¿Quién vendrá detrás? ¿Seremos tú y yo? ¿O es que el calor de agosto me torna agorero?

Como medida preventiva, voy a memorizar "El perseguidor" de Cortázar mientras escucho a Charlie Parker y veo "Bird" una y otra vez (puede que también quieran destruir mis discos y mis películas, así que con esa asociación mental me será más fácil acordarme del cuento).
Espero que tú, que me estás leyendo a mí en vez de memorizar algo de provecho, me hagas saber que vas a hacer al respecto.
¡El mundo te necesita!
Sólo hay una cosa que me moleste más que no ser tomado en serio: que me tomen demasiado en serio.
yeyo dijo
Si señor...
Por cierto, retoqué las fotos de mi blog y quité los objetos obscenos...jajajaja.
Yo por mi parte, seguiré contando historias, denunciando otras, enseñando cosas (con las fotos...no seas mal-pensao)y por su puesto, a mi manera.
En cuanto a lo otro, ahora mismo voy a poner un cartel en mi fachada: ESTA CASA NO ESTÁ EXPROPIADA. POR FAVOR, NO QUEMAR.
1 Agosto 2005 | 09:07 PM