UN EJERCITO DE PESO
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Los soldados tampoco escapan a la tendencia generalizada a engordar de sus compatriotas norteamericanos, de los que dos tercios padecen sobrepeso según un estudio del 'New England Journal of Medicine'. En las filas del ejército el 43% de las mujeres y el 17% de los hombres pesa más de lo que debería.
La preocupación alcanza también a los jóvenes en edad de ser reclutados, ya que dos de cada 10 hombres y cuatro de cada 10 mujeres sobrepasan el límite de peso exigido para entrar en el ejército. El estrés, el sedentarismo y la mala alimentación son las principales causas del problema que amenaza con mermar las tropas de EEUU.
De hecho, el restaurante de comida rápida Burger King, que el mando militar abrió en el Aeropuerto Internacional de Bagdad para atender a las tropas allí destacadas, es el tercero más visitado del mundo, con una clientela de unos 6.000 soldados al día, según informa el diario 'The Washington Post'.
Un soldado incapaz de mantenerse dentro del peso ideal establecido por el ejército será expulsado del mismo, lo que conlleva la pérdida de los ingresos, de los servicios médicos y la jubilación.
Muchos soldados han llegado a poner en práctica medidas límite para intentar acabar con su problema de sobrepeso y evitar así la expulsión.
Un estudio realizado por el Coronel Gaston Bathalon, experto en nutrición de la Armada de EEUU, en el hospital de Fort Bragg, señaló que, aunque el 75% de los reclutas siguió las indicaciones de los médicos para perder peso -comer menos, hacer ejercicio-, muchos de ellos recurrieron a métodos potencialmente peligrosos.
Cerca de la mitad emplearon ropa impermeable o saunas para ‘sudar’ los kilos, un tercio de los hombres y la mitad de las mujeres tomaron supresores del apetito y uno de cada cinco probó con laxantes. Incluso el 11% de las mujeres y el 6% de los hombres habían intentado vomitar.
Para combatir estas prácticas todos los cuerpos del ejército de EEUU han puesto en marcha programas de asesoramiento para que sus soldados se mantengan en forma, como el 'Army Weigh-to-Stay'.
Incluso aquellos que consiguen escapar al problema durante su etapa de servicio pueden llegar a desarrollar problemas de sobrepeso más tarde.
Los veteranos del ejército tienden a padecer más enfermedades que el resto de la población estadounidense y esto se debe en gran medida a que el 70% pesa más de lo médicamente recomendable y a que el 33% es obeso.
Las graves consecuencias que tiene esto para la salud y el consiguiente gasto sanitario que provoca, han llevado a Richard Harvey, psicólogo especializado en salud de la Administración de Salud de los Veteranos (VA), a poner en marcha el programa MOVE (Managing Overweight and/or Obesity for Veterans Everywhere), para controlar el peso de los exmilitares>>.
Yo creo, que la solución a estos problemas es mucho más sencilla de lo que imaginan las autoridades estadounidenses. Como de costumbre los árboles no les dejan ver el bosque (en su caso se podría decir también que su ombligo les impide ver el resto del universo, que viene a ser lo mismo). Aplicando el principio de la Navaja de Occam, (la proposición más simple es la correcta) mi sistema de adelgazamiento es el más simple posible. Se basa en la mera observación de la realidad.
Propongo un programa de 14 puntos para acabar con el sobrepeso de los soldados:
1. Someter diariamente a todos los reclutas a un resumen audiovisual intensivo de la política exterior de EE.UU. de los últimos dos siglos, haciendo especial hincapie en la guerra de Irak (excluyendo del mismo el tratamiento dado a dicha política por los medios de comunicación de su propio país). La visión de estos hechos con un mínimo de objetividad inducirá con toda seguridad al vómito y deberá realizarse después de cada comida.
2. Obligar al Burger King de Bagdad a importar toda su carne de vacuno de Gran Bretaña.
3. Incluir el rostro de Henry Kissinger en los envases de todos los productos alimenticios a los que tenga acceso la tropa.
4. Ordenar a la tropa el asesinato frío y premeditado de todos los granjeros/as de EE.UU. (con especial saña en el caso de familiares directos) y plantear dicha masacre como "conjunto inevitable de daños colaterales a la campaña para la prevención de la obesidad en el glorioso ejercito de los Estados Unidos de América"
5. Destruir de inmediato todas las copias existentes de los vídeos de ejercicios de Jane Fonda. Resultan especialmente contraproducentes.
6. Potenciar una política económica que desemboque en un descomunal "crack" bursátil equivalente en sus efectos al de 1929.
7. Someter a todos los soldados a un tratamiento conductista de condicionamiento operante que provoque la salivación ante la visión de George Bush atragantándose con una galleta. Odiarán el acto de salivar en un brevísimo período de tiempo.
8. Ordenar la toma inmediata y desproporcionada de laxantes cada vez que se divise una bandera con barras y estrellas.
9. Organizar una campaña religiosa descomunal con la imagen crucificada de Jesucristo y el lema: Dios está en los huesos (y nos ha hecho a su imagen y semejanza)
10. Ceder el control de la cocina del Burger King de Bagdad a los sargentos más chusqueros de la legión española, incluyendo la elección de un único menú obligatorio que tenga como base el pan duro y la leche rancia de cabra.
11. Encargar el envío de alimentos a todas las tropas estadounidenses a la O.N.U. (Organización de Nula Utilidad).
12. Prohibir por completo la ingesta de calorías en el ejercito hasta el día en que la mayoría de los soldados rasos sean blancos, anglosajones y protestantes, los negros e hispanos ocupen la totalidad de los puestos de mando y una mujer sea nombrada Comandante en Jefe (es decir, que asuma la presidencia de EE.UU.).
13. Obligar a Chuck Norris, Arnold Schwarzenegger, Silvester Stallone, Steven Seagal y Jean-Claude Van Damme (que, aunque es belga, se lo merece igual) a patrullar en solitario por las calles de Bagdad tras haber ingerido una tonelada de hamburguesas cada uno (y permitir a la tropa contemplar todas las desgracias que les ocurran a través de un circuito cerrado de televisión).
14. Permitir a los soldados PENSAR (Solamente en última instancia. Esta es una medida con efectos secundarios imprevisibles). La lucidez consume energía.
Por lo que respecta al problema de los jubilados, la solución es aún más simple. Basta con embargar todos los fondos que hayan ingresado en planes de jubilación privados y hacerles depender EXCLUSIVAMENTE de la Seguridad Social estadounidense. Los resultados serán inmediatos.
Seguiría escribiendo, pero debo enviar este programa a las autoridades sanitarias estadounidenses de inmediato. ¡El mundo libre las necesita!
P.D: Casi lo olvido... ¡Dios bendiga a América! (especialmente a todas esas partes al sur del Río Grande de las que el muy hijoputa no se ha acordado nunca).
Sólo hay una cosa que me moleste más que no ser tomado en serio: que me tomen demasiado en serio.