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Terra
La Coctelera

Categoría: HASTA LOS MISMÍSIMOS

SERVICIO POST-VENTA

-¿Su pedido ha sido entregado con retraso?

- No. La verdad es que han hecho gala de una puntualidad encomiable.

- ¿Hay algún componente roto o defectuoso en su funcionamiento?

- Que yo sepa no.

- ¿Le ofende nuestro producto de alguna manera; va en contra de su moral o vulnera alguno de sus principios y/o creencias religiosas, filosóficas o políticas?

- En absoluto.

- ¿Ha intentado agredirle o ha puesto en peligro la seguridad de quienes le rodean en su entorno laboral, social o familiar?

- Qué va.

- En tal caso, ¿podría usted indicarme la causa que ha motivado su llamada?

- Bueno... para empezar, esperaba que fuera un poco más alto y algo atlético.

- Nos atenemos estrictamente a su realidad y características concretas señor Defoto.

- Lo sé, lo sé, pero... ¿Era necesario que hablará tanto? Desde el momento de la entrega tengo la cabeza embotada por culpa de tanta palabrería.

- Insisto en que nos hemos basado en el modelo con gran fidelidad. Según su ficha, tal verborrea exasperante era una cualidad esencial del producto.

- Eso resulta algo insultante, pero debo admitir que no deja de ser cierto...

- ¿Algún otro motivo de queja caballero?

- ¡Camina como un pato!

- Seguimos patrones preestablecidos en todo lo que respecta al sistema locomotor. Y los suyos han sido reproducidos con altísima precisión y exactitud.

- Oiga, ¿sugiere acaso que yo...?

- No sugiero nada, señor Defoto. Tan sólo aclaro un malentendido.

- Malentendido... Tiene gracia que lo llame así. Además, vive en... en... "Madrid". ¿Dónde coño está eso? ¿Qué clase de ciudad tiene un nombre tan ridículo?

- Es una villa situada en la meseta de un país bárbaro del norte. Usted accedió a otorgarnos bastante libertad en ese sentido e incluso solicitó vehementemente que nos tomaramos ciertas licencias poéticas con respecto a los hábitos, vida laboral y ubicación del sujeto.

- Yo escribo en la publicación científico-artística más prestigiosa del mundo, señorita. Este tipejo sólo escribe bazofia en Internet. Tiene un patético diario de bitácora con el grotesco título de "Café Jurfendu". ¿Sabe lo que harían los ilustres miembros de la familia Jurfendu si se enteraran de semejante usurpación de personalidad? ¡No dejarían de él ni los huesos! Y no queda ahí la cosa... Se ha permitido el lujo de escribir una sarta de mentiras sobre mi persona. Es un calumniador nato y un bufón indigno de mí.

- Lamento comunicarle que esos datos no son computables como reclamación.

- ¡Me importa un pimiento! ¿Qué clase de horario de trabajo es ese? Nunca se sabe cuando empieza ni cuando termina. Me persigue a todas horas con su estúpida sonrisa y cuenta las mismas anécdotas una y otra vez. Por las noches sigo escuchándole a través de la pared. ¡Hasta cuando folla cuenta chistes!

- No es necesario que sea usted soez señor Defoto. No ha lugar a la utilización de palabras como "chiste" en esta conversación. Debe comprender que es de muy mal gusto.

- Si quiere que deje de soltar tacos, admita mis reclamaciones. Exijo la devolución de mi dinero y que retiren inmediatamente a ese adefesio de aquí.

- El contrato es muy explícito a este respecto. Sólo se admitirán devoluciones de productos caducados, con defectos de fábrica o entregados con un retraso anormalmente largo. En su caso, el artículo ha cumplido con creces todos los requisitos de control de calidad.

- ¿Con esa cara? ¿Me está tomando el pelo o qué? Es un producto impresentable. Voy a a demandarles y pediré una indemnización tan enorme que tendrá usted que ir en ropa interior a trabajar

- Le ruego que deponga su actitud hostil o me veré obligada a poner fin a esta comunicación e informar a mis superiores.

- Está bien, está bien, ya me calmo... pero hágame el favor de decirle algo de mi parte a "sus superiores".

- De acuerdo. ¿Qué debo decirles?

- Cuénteles que he dicho textualmente lo siguiente...

- Usted dirá señor Defoto.

- ¡VAYA MIERDA DE ALTER-EGO!

¡CLICK!

HARTAZGO S.A.

A veces uno se harta de todo.

Hartarse de todo no es sólo cansarse de un conjunto de situaciones.

Hartarse de todo es hartarse de algo más que la suma de las partes que te hartan.

No obstante, hartarse de todos los todos posibles es ligeramente exagerado.

Siempre he llevado a gala mi condición de ser humano de "desmesuradas" inquietudes, pero la exageración máxima del hartazgo (también llamada suicidio) no entra en mis planes de futuro.

Dicen que la curiosidad mató al gato.

Debo ser poco felino, porque a mí la curiosidad me mantiene con vida.

En cambio, parece haber miles de turistas con intereses potencialmente gatunos, en vista de lo ocurrido en una isla de Hong Kong llamada Cheung Chau.

Un regidor de la isla, de nombre Lam Kit-Sing pidió que la población se dote de un parque dedicado al suicidio, aprovechando la ola de suicidios que le ha dado una reputación siniestra.

Además, sugirió crear "apartamentos embrujados" para capitalizar el hecho que unas veinte personas se suicidaron en casas alquiladas para vacaciones en los últimos ocho años y que otras cinco trataron de hacerlo.

Lam estimó que la idea, aunque parezca macabra, podría atraer a una parte del millón de visitantes esperados tras la apertura de un parque de Disneyland en Hong Kong el próximo mes.

Así pues, si estás pensando en suicidarte porque no aguantas el consumismo banal e idiotizante de la sociedad en la que vives, te aconsejo que tengas en cuenta lo siguiente:

1. Es preferible una muerte que no deje ni un órgano sano, para que nadie trafique con ellos. Si prefieres que hagan tráfico legal -y de paso salvarle el culo a otra gente que aún no se ha hartado de la vida- haz lo que yo y dónalo todito.

2. Aún así, alguien hará negocio con el lugar donde decidas suicidarte, de modo que busca un sitio repulsivo e inaccesible. Con un poco de suerte, te habrás arrepentido antes de llegar y todos salimos ganando.

Por mi parte, yo estoy considerando seriamente la posibilidad de montar una agencia de viajes organizados con itinerarios que incluyan (entre otros "monumentos") al viaducto de Madrid y al puente de Silva de Gran Canaria (dos grandes clásicos entre los suicidas).

Mi plan incluiría fotos familiares con actores disfrazados de los finados y alquiler de taburetes para todas aquellas personas que quieran "sentir" la desesperación de aquellos que se hartaron de todo.

Y si luego Disney decide construir un parque de atracciones cerca de cada uno de dichos enclaves estratégicos, mi pecunio agradecerá la comisión correpondiente je, je, je...

Pero no..., creo que al final no llevaré a cabo mi idea. Con la cantidad de imbéciles amantes de las reliquias que hay por el mundo corro el riesgo de hacerme tan asquerosamente rico que termine hartándome de todo...

Y por ahí si que no paso.

¡TODO UN ÉXITO!

Hace casi tres décadas que en todo el planeta se inició un cambio progresivo en el mundo de la educación. La Humanidad llevaba demasiado tiempo martirizando a las nuevas generaciones de estudiantes. Los había reprimido, torturado, humillado, explotado y expuesto a una gran gama de castigos físicos y psicológicos. Todo eso tenía que cambiar.

¡Y vaya si cambió! Al principio las mejoras fueron evidentes y la progresión prometedora (si exceptuamos la vestimenta).

Pero entonces algún pajarraco de mal agüero inventó el concepto de "lenguaje políticamente correcto".

La lengua podía ser viperina, afilada, sucia, ofensiva, racista y sexista. En su afán por limpiarla de todos sus vicios, los pedagogos de moda se extralimitaron con el lavavajillas.

En lugar de hacer de ella un instrumento de expresión y comunicación sutil y único, miles de profesionales de la castración lingüística se encerraron en su respectivas torres de marfil para competir en la creación del eufemismo más ampuloso y aberrante.

Recuerdo haberme encontrado cara a cara con la justa indignación de un profesor universitario de Lengua que, sentado en las escaleras de acceso a su clase, intentaba digerir lo que acababa de escuchar en un congreso de eruditos del idioma.

Cuando le pregunté por los motivos de su aflicción me contó -desesperado- que al final del congreso se había aprobado una propuesta para pedir a las autoridades educativas la sustitución en las aulas de un gran número de palabras corrientes y molientes (tan hermosas como concisas) por un conjunto de abigarrados despropósitos.

El mayor disparate era el de sustituir la palabra "enano" -que encontraban profundamente ofensiva- por (redoble de tambores) "proyecto de verticalidad frustrada".

A raiz de aquel encuentro resolví que si alguna vez quería ofender e insultar a un enano le llamaría "proyecto de verticalidad frustrada". Es una expresión tan estúpida como hiriente.

Pero los años no pasan en balde. Ahora ni la verticalidad ni la dulce infancia pueden verse frustradas en modo alguno. Educamos entre pesadas cadenas de algodón rosa a nuestros hijos para que en el futuro se suiciden ante el más mínimo embate de la realidad. No se qué tipo de educación es más monstruosa, si aquella que defendía la brutalidad y la disciplina grotesca del "la letra con sangre entra" o esta que pretende convertir a los críos en "margarina light"

En esta línea, un grupo de profesores británicos ha propuesto eliminar de las evaluaciones el término "suspenso" y sustituirlo por "éxito aplazado". Dicen que así evitarían desmoralizar a los alumnos.

La propuesta está siendo considerada por la Asociación Profesional de Profesores de Reino Unido (PAT). Sus defensores opinan que la palabra "suspenso" puede generar una frustración que podría retrasar el aprendizaje de los estudiantes.

Un portavoz del grupo dijo que con esta medida se evitaría etiquetar a los niños. "Nosotros entendemos que los alumnos no tienen por qué alcanzar el éxito a la primera", argumentó.

Pues bien, por ese mismo motivo se debe poner en contacto a los alumnos con la experiencia del FRACASO.

Parte de las cosas más importantes que he aprendido en mi vida han surgido de algunos torpes intentos primerizos a la hora de conseguir mis objetivos. El fracaso en cada empeño prematuro me hizo reconsiderar mis estrategias y así también me dí cuenta de que la mayoría de las equivocaciones "no son para tanto".

Mi vida entera es más llevadera gracias a que he experimentado esos fracasos. Los suficientes como para aprender sin desmoralizarme.

¿Adónde podría llegar una generación de personas que sólo ha conocido el éxito (aplazado o no)?

Los que sobrevivieran a nuestra increible ineptitud como educadores, serían con toda seguridad una panda de arrogantes hijos de puta, condescendientes y orgullosos.

¿Dirías que un acto terrorista no merece un "suspenso" moral? ¿Es acaso el exterminio sistemático de seres humanos un "éxito aplazado" de la paz mundial?

Estoy convencido de que los miembros de Scotland Yard apoyarán esta iniciativa en el Reino Unido. Así sus hijos sabrán que el comportamiento de la simpática policía británica al asesinar a sangre fría a un inocente en el metro de Londres es sólo un retraso en la consecución de un mundo más humano y cabal en el que todos nos amemos como hermanos (Caín y Abel para ser exactos).

En resumen...

A LAS COSAS HAY QUE LLAMARLAS POR SU NOMBRE.

MARTILLAZO CELESTIAL

Corren malos tiempos para la sutileza.

Esta es la sociedad de la prisa, del ruido, de la velocidad, del impacto, de la acción constante, de la espontaneidad irreflexiva, de la inmediatez, del aquí y el ahora...

La prensa prepara portadas cada vez menos sensacionales y más sensacionalistas. Los titulares cuentan más por su forma de llamar la atención que por la descripción de las noticias.

La radio es terreno abonado para tertulias en las que domina quien mejores pulmones tenga y quien más burradas sea capaz de soltar en el menor tiempo posible.

La televisión está invadida por "reality shows"; supuestos experimentos sociológicos que garantizan relleno para una programación barata y efectista. Se regodea en su propia mediocridad y hartazgo con impetú escatológico.

El ocio se concentra en monstruosos centros comerciales. Mamotretos de acero y cristal. Monumentos a la evanescencia del consumismo que mantienen su clientela hasta la apertura del siguiente, más grande, más espectacular, más vulgar...

La música sigue ritmos de indolencia machacona, repetitiva y cansina. Embota los sentidos bajo la esclavitud de la corriente.

El cine es como una inmensa caja de espejos vacía. Un cajón de sastre de subgéneros estúpidos que se autoproclaman "de culto". Todo hace referencia a algo anterior, todo está vacio de contenido y lleno de guiños pretendidamente cinéfilos y verdaderamente cinéfagos. Si tuvo éxito antes lo tendrá ahora...

El teatro ya no crea, adapta constantemente y transforma cuaquier historia nimia en un gran musical (sólo en el tamaño) o cualquier gran historia en nimiedad. Las piezas se anuncian en virtud del número de luces, artilugios y efectos especiales que contienen.

La danza busca la ampulosidad en lugar de la fluidez, la vistosidad en lugar de la reflexión, la individualidad en lugar de la armonía.

La comida se hace en serie, rápido y mal. No hay tiempo para convertir un almuerzo en un placer para los sentidos. Hay que volver rápidamente a nuestra carrera hacia ninguna parte.

Ni siquiera el cielo es el lugar sereno y aburrido que nos vendieron de niños y en el que -hace ya mucho- deje de creer...

Hasta anteayer se nos decía que tal o cuál persona había recibido una señal del cielo que marcaba su vocación religiosa de entrega y servicio. Y esa señal era algo tan personal, privado y mínimo que solía pasar desapercibida para el resto del mundo.

Pero hay que ponerse al día. Ahora se incita a los creyentes a volver al mundo de venganzas, ira, castigos, llamaradas de fuego y plagas implacables del antiguo testamento.

Así le ha ocurrido a un hombre-símbolo de nuestros tiempos, José María M., que ha visto la luz a base de martillazos.

El 13 de abril, José María mató a su mujer de 34 años y a sus dos hijos de 6 y 2 años en su domicilio de Elx. La muerte fue causada por los golpes y martillazos que les propinó en la cabeza . Tras los hechos se dio a la fuga y fue detenido tres horas después en una pedanía.

Durante las tres horas en las que permaneció huido, José María M. compró ropa en una tienda donde abandonó las prendas manchadas de sangre y sacó dinero de un cajero. Era evidente su intención de escapar.

Pero esta semana las cosas han cambiado. José María ha mostrado su deseo de ordenarse sacerdote, según manifestó ayer su abogado, José Mariano Trillo, quien indicó que para el supuesto parricida lo sucedido «es una prueba enviada desde el cielo que le ha despertado su vocación».

El abogado resaltó que su defendido, en prisión por la muerte de su esposa y sus hijos a golpes, «quiere hacerse sacerdote» y que está «convencido». En todo caso, sería «un sacerdote de hábito negro» (yo diría más bien que "de negros hábitos") y, aunque reconoció que lo «tiene difícil» actualmente como preso preventivo, no descartó pedir su reclusión en un monasterio para que cumpla la pena en el caso de que sea condenado.

Trillo indicó que en ese caso el detenido debería estar «bajo la custodia del abad del monasterio» y que sería la primera vez que se diese una petición de estas características en España.

El abogado explicó que en EE.UU. «las libertades condicionales las controla un tutor» y que «un médico puede tutelar» casos de drogadicción, por lo que «por qué no va a estar vigilado bajo la tutela de un abad».

Dejando de lado el hecho de que EE.UU. jamás podrá ser un ejemplo en todo lo que concierna al ejercicio de libertades (aunque sean libertades... condicionales) hay varias cosas que llaman poderosamente mi atención:

1. Un médico conoce el mecanismo de adicción de un drogadicto. ¿Debo suponer que un abad se convierte en criminólogo automáticamente desde el día en que se ordena?

2. Que la Iglesia Católica ha sido, durante siglos, refugio de algunos genocidas de renombre (como, por ejemplo, los papas que condenan a sus fieles africanos a morir de sida) y de miles de criminales anónimos (que últimamente están saliendo a la luz más de lo que les gustaría) es indudable. Pero de ahí a transformar los monasterios en prisiones de lujo para todos aquellos que se convierten (a base de propinar la muerte a martillazos a sus semejantes) hay un trecho considerable.

3. Ya puestos, ¿por qué no enviamos a los presos comunes que viven hacinados en nuestras prisiones a repartirse por los monasterios de todo el país? Espacio de sobra habría y puede que la Iglesia encontrara una nueva fuente inagotable de fieles.

Pero todo esto es un sueño imposible, porque todos sabemos que la Iglesia sólo escoge a criminales de alto "standing" y gran reputación para difundir su (vieja) nueva: Dios es amor (y, en ocasiones, un amor algo pederasta y partidista).

Bajo la tutela de Nazinger Z, ahora existe la oportunidad única de regresar a los tiempos del concilio de Trento y ya de paso a los de las señales del cielo en forma de zarzas ardientes, apertura de mares, diluvios universales... y martillazos.

Os dejo orando sobre este punto en particular. Como el tema requiere su tiempo y yo tengo que irme una semanita a predicar por París, no esperéis sermones nuevos hasta mi regreso.

Amén.

TRISTE PARADOJA

Ayer tarde, todo un país estaba unido por la alegría causada por un suceso inesperado. Contra todo pronóstico, la ciudad de Londres había sido elegido por los miembros del Comité Olímpico Internacional como sede para la celebración de los Juegos Olímpicos de 2012.

Esta mañana, todo un planeta está unido por el dolor, el miedo y la rabia causados por un suceso inesperado. Contra toda lógica, piedad o humanidad, la ciudad de Londres ha sido elegida por los miembros de una desconocida organización afiliada a Al-Qaeda como objetivo de su injustificable odio asesino (otra vez).

Triste paradoja...

Tengo la boca seca y un nudo en la garganta. Es una sensación tristemente familiar. Aquella mañana de marzo de 2004 aún me queda muy cerca del corazón...

Decir que el odio sólo genera más odio es un tópico, pero no por ello deja de ser cierto. El terrorista busca ese odio, busca el enfrentamiento, busca un motivo, una causa para su innombrable atrocidad.

Tal y como quise dejar claro esta mañana (con algo de humor negro) en el artículo que sigue a este, no deberíamos darles esa excusa que buscan (excusa según su mentalidad; según la mía NADA excusará jamás la muerte de un ser humano ni de la mano de los líderes del G8 ni de la de Al-Qaeda).

¿Es que nada ha cambiado en esencia desde que eramos un grupo de monos erectos machacando al prójimo que desafiara nuestro territorio y pertenencias?

Sólo los nombres de las víctimas.

Y sin embargo, en algún momento, fuimos capaces de ponernos de acuerdo para crear un proyecto de vida en común, sacrificando los intereses personales en pro de la supervivencia de la especie.

Ese viejo proyecto está hoy muy desprestigiado. Pero yo aún creo en él.

Se llama democracia.

Y fue Winston Churchill, precisamente un británico -con quien siempre he estado en desacuerdo en tantos otros temas- quien mejor la describió:

"Se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno posible, si exceptuamos todas las demás que se han intentado".

Habría que recordarlo más a menudo...