Categoría: "CHACHO" CONCEPTS

- No. La verdad es que han hecho gala de una puntualidad encomiable.
- ¿Hay algún componente roto o defectuoso en su funcionamiento?
- Que yo sepa no.
- ¿Le ofende nuestro producto de alguna manera; va en contra de su moral o vulnera alguno de sus principios y/o creencias religiosas, filosóficas o políticas?
- En absoluto.
- ¿Ha intentado agredirle o ha puesto en peligro la seguridad de quienes le rodean en su entorno laboral, social o familiar?
- Qué va.
- En tal caso, ¿podría usted indicarme la causa que ha motivado su llamada?
- Bueno... para empezar, esperaba que fuera un poco más alto y algo atlético.
- Nos atenemos estrictamente a su realidad y características concretas señor Defoto.
- Lo sé, lo sé, pero... ¿Era necesario que hablará tanto? Desde el momento de la entrega tengo la cabeza embotada por culpa de tanta palabrería.
- Insisto en que nos hemos basado en el modelo con gran fidelidad. Según su ficha, tal verborrea exasperante era una cualidad esencial del producto.
- Eso resulta algo insultante, pero debo admitir que no deja de ser cierto...
- ¿Algún otro motivo de queja caballero?
- ¡Camina como un pato!
- Seguimos patrones preestablecidos en todo lo que respecta al sistema locomotor. Y los suyos han sido reproducidos con altísima precisión y exactitud.
- Oiga, ¿sugiere acaso que yo...?
- No sugiero nada, señor Defoto. Tan sólo aclaro un malentendido.
- Malentendido... Tiene gracia que lo llame así. Además, vive en... en... "Madrid". ¿Dónde coño está eso? ¿Qué clase de ciudad tiene un nombre tan ridículo?
- Es una villa situada en la meseta de un país bárbaro del norte. Usted accedió a otorgarnos bastante libertad en ese sentido e incluso solicitó vehementemente que nos tomaramos ciertas licencias poéticas con respecto a los hábitos, vida laboral y ubicación del sujeto.
- Yo escribo en la publicación científico-artística más prestigiosa del mundo, señorita. Este tipejo sólo escribe bazofia en Internet. Tiene un patético diario de bitácora con el grotesco título de "Café Jurfendu". ¿Sabe lo que harían los ilustres miembros de la familia Jurfendu si se enteraran de semejante usurpación de personalidad? ¡No dejarían de él ni los huesos! Y no queda ahí la cosa... Se ha permitido el lujo de escribir una sarta de mentiras sobre mi persona. Es un calumniador nato y un bufón indigno de mí.
- Lamento comunicarle que esos datos no son computables como reclamación.
- ¡Me importa un pimiento! ¿Qué clase de horario de trabajo es ese? Nunca se sabe cuando empieza ni cuando termina. Me persigue a todas horas con su estúpida sonrisa y cuenta las mismas anécdotas una y otra vez. Por las noches sigo escuchándole a través de la pared. ¡Hasta cuando folla cuenta chistes!
- No es necesario que sea usted soez señor Defoto. No ha lugar a la utilización de palabras como "chiste" en esta conversación. Debe comprender que es de muy mal gusto.
- Si quiere que deje de soltar tacos, admita mis reclamaciones. Exijo la devolución de mi dinero y que retiren inmediatamente a ese adefesio de aquí.
- El contrato es muy explícito a este respecto. Sólo se admitirán devoluciones de productos caducados, con defectos de fábrica o entregados con un retraso anormalmente largo. En su caso, el artículo ha cumplido con creces todos los requisitos de control de calidad.
- ¿Con esa cara? ¿Me está tomando el pelo o qué? Es un producto impresentable. Voy a a demandarles y pediré una indemnización tan enorme que tendrá usted que ir en ropa interior a trabajar
- Le ruego que deponga su actitud hostil o me veré obligada a poner fin a esta comunicación e informar a mis superiores.
- Está bien, está bien, ya me calmo... pero hágame el favor de decirle algo de mi parte a "sus superiores".
- De acuerdo. ¿Qué debo decirles?
- Cuénteles que he dicho textualmente lo siguiente...
- Usted dirá señor Defoto.
- ¡VAYA MIERDA DE ALTER-EGO!
¡CLICK!


Hartarse de todo no es sólo cansarse de un conjunto de situaciones.
Hartarse de todo es hartarse de algo más que la suma de las partes que te hartan.
No obstante, hartarse de todos los todos posibles es ligeramente exagerado.
Siempre he llevado a gala mi condición de ser humano de "desmesuradas" inquietudes, pero la exageración máxima del hartazgo (también llamada suicidio) no entra en mis planes de futuro.

Dicen que la curiosidad mató al gato.
Debo ser poco felino, porque a mí la curiosidad me mantiene con vida.
En cambio, parece haber miles de turistas con intereses potencialmente gatunos, en vista de lo ocurrido en una isla de Hong Kong llamada Cheung Chau.
Un regidor de la isla, de nombre Lam Kit-Sing pidió que la población se dote de un parque dedicado al suicidio, aprovechando la ola de suicidios que le ha dado una reputación siniestra.

Además, sugirió crear "apartamentos embrujados" para capitalizar el hecho que unas veinte personas se suicidaron en casas alquiladas para vacaciones en los últimos ocho años y que otras cinco trataron de hacerlo.

Lam estimó que la idea, aunque parezca macabra, podría atraer a una parte del millón de visitantes esperados tras la apertura de un parque de Disneyland en Hong Kong el próximo mes.
Así pues, si estás pensando en suicidarte porque no aguantas el consumismo banal e idiotizante de la sociedad en la que vives, te aconsejo que tengas en cuenta lo siguiente:
1. Es preferible una muerte que no deje ni un órgano sano, para que nadie trafique con ellos. Si prefieres que hagan tráfico legal -y de paso salvarle el culo a otra gente que aún no se ha hartado de la vida- haz lo que yo y dónalo todito.

2. Aún así, alguien hará negocio con el lugar donde decidas suicidarte, de modo que busca un sitio repulsivo e inaccesible. Con un poco de suerte, te habrás arrepentido antes de llegar y todos salimos ganando.

Por mi parte, yo estoy considerando seriamente la posibilidad de montar una agencia de viajes organizados con itinerarios que incluyan (entre otros "monumentos") al viaducto de Madrid y al puente de Silva de Gran Canaria (dos grandes clásicos entre los suicidas).

Mi plan incluiría fotos familiares con actores disfrazados de los finados y alquiler de taburetes para todas aquellas personas que quieran "sentir" la desesperación de aquellos que se hartaron de todo.

Y si luego Disney decide construir un parque de atracciones cerca de cada uno de dichos enclaves estratégicos, mi pecunio agradecerá la comisión correpondiente je, je, je...
Pero no..., creo que al final no llevaré a cabo mi idea. Con la cantidad de imbéciles amantes de las reliquias que hay por el mundo corro el riesgo de hacerme tan asquerosamente rico que termine hartándome de todo...
Y por ahí si que no paso.


Os habla el ente corpóreo Pierre Defoto desde la superficie de la luna.
Ante todo, debo agradecer a nuestro ilustre patrocinador "Café Jurfendu" que nos haya permitido comunicarnos con vosotros a través de este medio.
No insistáis en conocer de dónde vengo. He olvidado mi procedencia originaria tras mi largo periplo por los confines de vuestra galaxia.
Me avalan excepcionales referencias cósmicas. He visto millones de estrellas, navegado a través de tormentas de asteroides, sobrevivido a largas exposiciones directas a los rayos cósmicos, ultrajado los secretos ocultos de gran parte del universo conocido, observado la aniquilación de civilizaciones con millones de años de antigüedad, escapado de milagro a la metralla del Big Bang y conseguido aparcamiento en primera fila de playa en Alfa Centauri (en plena temporada alta).

Hoy me he posado sobre la superficie de vuestro paupérrimo satélite, para poder contemplar más de cerca el comportamiento de la especie más absurda de la Vía Láctea.
Pero un acontecimiento singular me ha apartado bruscamente de mis investigaciones. Contrariamente a lo que los siglos de exploración y el más elemental sentido común han propugnado durante generaciones, hay habitantes en la Luna.
Y he sido secuestrado por ellos.
Sin embargo, los signos externos -previos a nuestro encuentro- no parecían dejar lugar a dudas.
El ambiente era irrespirable y el paisaje desértico.
La superficie estaba llena de cráteres y abismos de kilómetros de diámetro.
Los surcos provocados por la corriente de agua de las antiguas máreas lunares permanecían ahora secos y sin vida.
Todo en este paraje desolador resultaba inhóspito y caótico.
Hasta que hallé el monolito.
Semi-enterrado en una zanja producida por la intensa actividad sísmica que se produjo hace varios milenios, apuntaba orgulloso una de sus aristas señalando hacia el infinito.
A su alrededor gran cantidad de maquinaria obsoleta e infernal dormía el sueño de los justos.

Hechizado por tal hallazgo descendí cuidadosamente y -tras examinar brevemente- las formas y reducidas dimensiones del citado monolito, procedí a a retirar parte del polvo lunar que lo cubría.
Entonces vislumbré en carácteres lunares y brillantes la siguiente inscripción:
"M-30 Sur. Tramo cortado por obras de mejora. Disculpen las molestias".
Un grito aterrador rasgó de inmediato el tejido del espacio-tiempo. Dos habitantes de la luna habían codificado su lenguaje para que mi cerebro pudiera descifrarlo. El que antes profiriera el grito dijo: "Ahí está" y ambos se abalanzaron sobre mí a gran velocidad.
Mis posibilidades de escape eran nulas. Desesperado intenté alcanzar la parte alta de la zanja, pero los alienígenas, que vestían atuendos de vivos colores reflectantes para sembrar la confusión en mi maltrecho cerebro, me atraparon sin mucha dificultad.
Sin perder un segundo, realizaron un agresivo examen de mi cuerpo (con sus terribles ojos salidos de sus órbitas). Uno de ellos tras palparme la frente en varias ocasiones dijo: "Tiene una insolación de mil pares de cojones".
Sumido en el mayor de los pánicos intenté imaginar qué me podrían estar haciendo mil pares de lo que quiera que fueran los "cojones" esos. ¿Me habrían inyectado algún tipo de parásitos lunares?

Con mis extintas fuerzas alcancé a ver cómo me trasladaban a un pequeño vehículo espacial con la clave "SAMUR" dibujada en su carcasa exterior.
Luego perdí el conocimiento.
Ahora estoy yaciendo en una especie de aposento inmaculado con un extraño olor a lejía.
Me encuentro completamente desnudo y con tan sólo una especie de atuendo de papel barato para cubrirme.
Extraños tubos salen de mi brazo y van a parar a un recipiente colgado de un brazo mecánico inerte. Nada parece sujetarme salvo ese tubo, pero no me atrevo a intentar la huida. Las salidas están vigiladas y desconozco que podría encontrar en el exterior.
Me han amenazado con la pronta visita del Redactor-Jefe de una publicación llamada "Hogar Y Cactus".
Tengo que actuar con celeridad.
Por el momento, sigo tumbado sobre una cama articulada con la inscripción "Hospital 12 de octubre". A mi lado, otra víctima de los alienígenas me ha sonreído y me ha proporcionado un artilugio con el cual enviaros este mensaje de socorro. Parece ser que lo llama "portátil".
No puedo facilitaros más detalles sobre mi ubicación exacta.

Durante mis observaciones anteriores habéis demostrado ser una especie pueril y salvaje que disfruta con la tortura y el exterminio de vuestros congéneres.

Pero también os he visto realizar actos del más sorprendente heroismo con relativa frecuencia. Y, en cualquier caso, no tengo nadie más a quien recurrir...
Terrícolas, ¡ayudadme!. Organizad una expedición de rescate. Sabré compensaros con creces. Os brindaré los parabienes del conocimiento cósmico, os desvelaré todos mis secretos y...
...¿os he dicho que puedo conseguir aparcamiento en primera fila de playa en Alfa-Centauri?

¡AUXILIOOOOOOOOOOO!
Fin de la transmisión...
servido por Pierre Defoto


Toda urbe cuenta su propia historia y es el resultado de incontables decisiones -acertadas o erróneas- tomadas por generaciones completas de habitantes.

Sus calles han sido talladas con los pasos de millones de peatones anónimos.
Cada uno de ellos con sus propios problemas, anhelos, tristezas y esperanzas.
Cada uno de ellos parte indisoluble de ese entramado de madera, hormigón, acero, carne y huesos.

Por eso no se puede crear una ciudad desde cero.
Esa noción es la negación misma de la idea de ciudad para mí. Lo siento por Le Corbusier pero estoy seguro de que Óscar Niemayer aprendió perfectamente en Brasilia porqué la construcción de una ciudad a partir de la nada no es más que una falacia trágica.

El mayor problema que tienen las ciudades es a la misma vez su mejor virtud.
Con el paso del tiempo adquieren cierta cualidad orgánica. Se podría incluso sospechar que desarrollan un caracter propio.
Algunas son cercanas y acogedoras, otras altivas y distantes, otras irónicas o cínicas y un largo etc...

Su crecimiento lleva asociado el marchamo de la indiferencia y la supuesta deshumanización en el trato entre vecinos.
Y es aquí donde surge mi aberrante personalidad y se complace enormemente de esta consecuencia.

Sí, llamadme monstruo, individualista, megalómano y lo que se os ocurra. Posiblemente tengáis razón pero yo agradeceré siempre enormemente el día en que -en algún lugar del mundo- la gente dejó de saberlo todo sobre la vida de sus vecinos.
A mis amigos los escojo yo. A mis vecinos NO. Y el caso es que sospecho que los míos son encantadores. Pero no tengo la más mínima intención de averiguar si me equivoco o no.

Los pueblos son para mí esos lugares pintorescos y bucólicos que me parecen estupendos para pasar un fín de semana de "ejercicios espirituales", pero también son el infierno en el que comienzo a levitar y a padecer estigmas si permanezco más de dos semanas.

Lo reconozco , necesito el asfalto, el bullicio, los cines, los teatros, los museos (?), los cafés, el metro... y sobre todo, la posibilidad de hacer cualquier cosa o llegar a cualquier parte sin planearlo y sin tener que depender de un puto coche ni tampoco concentrar toda mi vida "en el exterior" entre las paredes de un maldito centro comercial.

Odio las ciudades suburbanas, donde para comprar el períodico te metes en un atasco. Mi clase de entorno ideal está situado en algún punto intermedio entre el provincianismo insoportable de mi ciudad natal y el intolerable e irrespirable sinvivir de las urbes mastodónticas con más de 15 millones de víctimas. Algo amplio pero habitable...

Pero lo que más aborrezco de algunas adorables villas y poblaciones de escasa población es la dedicación enfermiza de parte de sus miembros al deporte -tan español él- del "qué dirán".
Que había mucha gente igual de harta que yo (de este incesante chorro de chismes y sobreentendidos que se extiende por nuestros pueblos) es algo que supe desde la primera vez que leí el "Tormento" de Pérez Galdós.
La identificación por mi parte fue inmediata. Vivo en Madrid, pero Madrid no dejaba de ser -por aquel entonces- un pueblucho polvoriento y caluroso y tenía los mismos vicios y cualidades que las poblaciones de las que ahora huyo.
La verdad es que pueden ser maravillosas y sus gentes vivirán más tiempo y más relajados que yo pero... NO GRACIAS
Puede que exista otra solución. En un rinconcito de Colombia, la municipalidad ha decidido hacernos la vida más fácil a los asfaltadicictos y ha tomado medidas enérgicas frente al cáncer al que me he referido.
Cansado de rumores, falsas imputaciones y calumnias, que en ocasiones causaron la muerte de los protagonistas del "cotilleo", el alcalde de esta localidad colombiana ha optado por expedir un decreto en el que se castiga con cárcel y una multa a los chismosos.
Margoth Morales, secretaria del Gobierno de Icononzo (a unos 150 km al sur de Bogotá) aseguró que "los habitantes se dedican a hacer comentarios que no tienen razón de ser, que son meros chismes y que llegaron incluso a motivar la muerte de personas"
Según explicó Morales, la norma contempla penas de hasta tres años de prisión y una multa equivalente a 6.000 dólares (5.000 euros) para las personas de ese municipio que reincidan en su actividad de rumorear en voz baja contra sus vecinos.
¡Tres hurras por el alcalde de Icononzo! Al menos ahora, el "deporte" se tendrá que practicar intra muros (pensar que va a desaparecer me parece demasiado optimista).
A ver si cunde el ejemplo...

Ernst Lubitsch, Grocho Marx, Billy Wilder o Woody Allen -entre otros- podrían darnos muchas lecciones sobre este tema en particular
Además de ser un ejercicio extremadamente saludable, que permite analizar las cosas desde un punto de vista ajeno a tu propio ombligo, es un método excelente para romper el hielo en una conversación, trato o negocio. Hasta follando es un modo excelente de relajarse y disfrutar del asunto.

En España se ríe mucho. De eso no cabe duda. Pero nuestra risa tiende a la carcajada cruel, ofensiva y malintencionada. Además muy rara vez, esa risa va dirigida a nosotros mismos.
Si hay que ser ingeniosos hemos preferido siempre la mala hostia quevedesca a la auto-ironía cervantina.

No hace mucho, en una pequeña conferencia que dio en Madrid, mi muy estimado Alfredo Bryce Echenique -maestro donde los haya en este dificil arte de reirse de sí mismo- dijo algo que me dio que pensar: "A la hora de escribir he preferido buscar la sonrisa antes que la carcajada. Así ha sido desde que me dí cuenta de que, cuando se abre demasiado la boca para reir, se cierran los ojos".
Una vez más, el más genial y humilde -que no falsamente modesto- de los escritores peruanos (quizá empatado con ese otro prodigio llamado Julio Ramón Ribeyro, al que es imposible no querer como a un hermano tras leerlo) había dado en el clavo.
Buscar la sonrisa cómplice en lugar de la gruesa risotada es harto complicado en estos lares.

Pero si difícil es reírse de uno mismo en primera persona, más complicado aún es reírse del grupo (familiar, de amigos, de trabajo, político o geográfico) en el que nos integramos.
Por eso me parece estupenda la iniciativa que ha tenido lugar en Francia este fin de semana pasado. Que los habitantes de la nación más chauvinista del mundo nos den esta lección de sentido del humor es doblemente estimulante. Vive la France!
Los vecinos de los pueblos franceses con nombres graciosos, como los de Monteton -'Mi-teta', traducido al español- (centro), se dieron cita Cocumont -'Monte Cornudo'- (suroeste), donde se celebró el tercer encuentro de localidades con "nombres burlescos".
Este año participaron 22 municipios o pedanías cuyo nombre o su pronunciación provoca la sonrisa de quien los escucha.
De media, estas poblaciones tienen 745 habitantes, la más pequeña Trecon (norte), donde viven 73 'muy gilipollas', ('très con', en francés) siguiendo la fonética de su nombre. "Una cosa caracteriza a estos pueblos: cuanto más sonoro es su nombre, menos gente vive", bromeaba Patrick Lasseube, alcalde de Saint-Lys (sur).
"Este acontecimiento es una ocasión para que estos pueblos se hagan un nombre a través de los productos de la tierra", explica este regidor, al cargo de la pedanía Mengesèbes ('Come-cebollas', en occitano), que promovió la primera edición de estos encuentros hace dos años, con sólo nueve 'miembros'.
Y es que, hace falta ser "aceptado" por los ya inscritos, y "hay lista de espera", explica serio Lasseube. "Se trata de ser burlesco más que grotesco", aclara.
Multitud de anécdotas o leyendas rodean a estos pueblos. "La gente de Angers y de Nantes quería saber exactamente dónde estaba el punto medio entre ambas ciudades", cuenta el alcalde de Bouzillé (oste), Gilles Collin, quien relata esta historieta de Rabelais: "Gargantúa quiso sacarles de dudas, puso un pie en la catedral de San Pedro de Nantes y otro en la de San Mauricio de Angers, se subió los pantalones y dijo 'la bouse y est' ('ahí va la boñiga')", más o menos como se pronuncia Bouzillé.
El próximo encuentro tendrá lugar en Arnac la Poste, en el centro del país, cuyos habitantes corren el riesgo de ser mal llamados "timadores", ya que Arnac suena como 'arnaque', que significa 'timo' en francés. En realidad su gentilicio es diferente, algo así como 'timarés'.
Mira que hay pueblos con nombres estúpidos en mi país, pero es más fácil imaginarnos dándonos de leches por defender una puta coma del nombre que riéndonos de él. Estamos siempre batallando por nuestro orgullo en un peligroso sueño delirante de autocomplacencia.

Los que hayan sufrido alguna vez ese engendro llamado "Gran Prix" que TVE perpetra todos los veranos -desde hace ya demasiadas temporadas- saben a lo que me refiero.
Un programador de televisión siempre se atiene a la máxima "A falta de verdadero sentido del humor, buenos son el pan y circo".
Mientras tanto, seguimos perpetuando generación tras generación la confusión entre prejuicio y dignidad.
La verdadera dignidad es otra cosa:

Y así nos va...

Era un placer especial ver cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas. Empuñando la embocadura de bronce, esgrimiendo la gran pitón que escupía un queroseno venenoso sobre el mundo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes, y que las manos, como las de un sorprendente director que ejecuta las sinfonías del fuego y los incendios, revelaban los harapos y las ruinas carbonizadas de la historia. Con el simbólico casco numerado -451- sobre la estólida cabeza, y los ojos encendidos en una sola llama anaranjada ante el pensamiento de lo que vendría después, abrió la llave, y la casa dio un salto envuelta en un fuego devorador que incendió el cielo del atardecer y lo enrojeció, y doró, y ennegreció."

Así empezaba la pesadilla -futurista pero menos- que Ray Bradbury escribió en 1954. Una descripción certera, seca y demoledora de una sociedad en la cual el cuerpo de bomberos ha olvidado su cometido primigenio y se dedica al ejercicio -mucho más divertido, tengo que reconocerlo- de la piromanía más exacerbada.
Su objetivo son los libros. Objetos prohibidos que incitan a la rebelión de las masas y deben ser eliminados con la mayor celeridad posible.
Han pasado muchos años desde que leí esta excelente novela y casi tantos desde que ví la adaptación cinematográfica que hiciera mi querido François, el ídolo francés de los chinos necrófilos.
La verdad es que las amenazas totalitarias a las que nos enfrentamos todos los días son mucho más sutiles que la que nos presenta este relato, así que siempre he pensado que todo quedaba en una hermosa metáfora (la existencia de "hombres-libro" y su consiguiente exaltación de la narración oral).
No hay arte que más admire y respete que aquel de saber contar una buena historia.

No hay labor que más me fascine que la del cuenta-cuentos o "cuentero" como se le llama de forma deliciosa en hispanoamérica para distinguirlo de los innobles y numerosos "cuentistas" que andan sueltos por el mundo.
Pero siempre supe que, aquellos a los que interesa comenzar el incendio, nunca dejarían que nos dieramos cuenta fácilmente.
No, los bomberos no irían por las calles asaltando hogares para prenderles fuego. Hay otras maneras de acabar con los amantes de la letra impresa.

Se ha optado por combatirnos con nuestras propias armas.
Se editan cada mes millones de libros que no merecerían ni el desperdicio del queroseno que se precisaría para quemarlos.
Cualquier escritorzuelo avezado aspira a la popularidad banal o -mucho peor aún- a la impertinente trascendencia.
Sin embargo, no todo está perdido. Existen resquicios por los que aflora la literatura con el vigor y la sencillez de las historias bien contadas, sin necesidad de temas "más grandes que la vida" -pues nada hay más apasionante que la pequeñez de esta-, sin códigos Da Vinci ni grandes batallas mitológicas entre criaturas imposibles...
Y muchos de esos resquicios están en algunos de los diarios de bitácora de Internet que he leído en el último lustro.
Pero ¡ay!, tan legitimados se creen los poderes fácticos que han olvidado su pacto de secreta sutileza y -cual elefante en una cacharrería- han decidido darle la razón a Bradbury y, de paso, a Kafka.
Cuando menos lo esperábamos han llegado los bomberos pirómanos, sólo que -para hacerlos aún más inquietantes y temibles- alguien los ha convertido en portadores del peor de los virus: el error burocrático.
El pasado 25 de mayo no logré conciliar el sueño cuando descubrí que la represión había empezado en mi propio país y aún mucho más cerca de mi corazón que de mi hogar.
El mundo de Fahrenheit 451 comenzaba en La Coruña.
Con el paso de los meses he perdido la pista del avance de los pirómanos, pero están ahí... en alguna parte.
Y no logro olvidar como se inició todo...

El departamento contraincendios del Ayuntamiento coruñés provocó aquel día un incendio pavoroso en el interior del número 55 de la calle Montes a causa de "un lamentable error".
Su máximo responsable pidió a la propietaria de la vivienda "excusas" por los daños ocasionados en el inmueble, pero en el fondo, sé que sonreía implacable...
Según parece, los bomberos coruñeses incendiaron el inmueble durante un ejercicio práctico incluido en el programa de un curso de capacitación para la investigación de incendios organizado para contribuir a la profesionalización de los investigadores de la Guardia Civil.
Con tan loable intención prendieron fuego al interior de la vivienda creyendo que se encontraba en ruinas y que ya había sido expropiada por el Ayuntamiento.
La equivocación se produjo cuando un responsable de bomberos telefoneó, poco después de las ocho de la mañana, al departamento de ruinas del Ayuntamiento, dependiente de la Concejalía de Urbanismo, y solicitó la dirección de una vivienda expropiada para realizar en ella un ejercicio práctico de extinción de un incendio.
Los funcionarios de la Concejalía de Urbanismo facilitaron la dirección del número 55 de la calle Montes creyendo que se trataba de un inmueble en estado ruinoso que ya había sido expropiado y al que los bomberos prendieron fuego.
Lo cierto es que la casa no había sido declarada en ruinas ni había sido expropiada, sino que tenía todavía dueño y su interior estaba amueblado con mobiliario nuevo que se vio afectado por las llamas.
El representante de los bomberos de La Coruña explicó que en el cursillo organizado para la Guardia Civil "lo importante no es la teoría, sino la práctica" y añadió que para ello "primero es necesario provocar un incendio".

El portavoz del Servicio Municipal Contraincendios indicó -para más INRI- que "no era la primera ocasión en la que realizábamos algo así" (¡LO SABÍA! ¡ESTAMOS PERDIDOS!), aunque añadió que hasta ahora "jamás había ocurrido nada semejante".
La propietaria de la vivienda incendiada (¿por error?), Elisa Méndez Pereira, no pudo acceder al interior de su vivienda en una semana porque los bomberos forzaron la cerradura para entrar en el inmueble.
Elisa fue la primera víctima. ¿Quién vendrá detrás? ¿Seremos tú y yo? ¿O es que el calor de agosto me torna agorero?

Como medida preventiva, voy a memorizar "El perseguidor" de Cortázar mientras escucho a Charlie Parker y veo "Bird" una y otra vez (puede que también quieran destruir mis discos y mis películas, así que con esa asociación mental me será más fácil acordarme del cuento).
Espero que tú, que me estás leyendo a mí en vez de memorizar algo de provecho, me hagas saber que vas a hacer al respecto.
¡El mundo te necesita!

Fumando su último cigarrillo Mac Murray le espeta a su amigo que no supiera adivinar que el criminal al que había buscado incansablemente (y que es el propio Mac Murray) estaba en el despacho de al lado. Con una mirada impagable, Robinson le contesta que no, que estaba mucho más cerca.
No hay grandes aspavientos, ni gestos grandilocuentes. Sólo dos grandes actores interpretando un guión excepcional ante una cámara respetuosa y no intrusiva.
Es únicamente una película, pero hay gente así.
Hay personas en este puto mundo que hacen que sobre el adjetivo "puto".
Hay gente que da todo lo que tiene a cada paso, pero no para obtener a cambio una ridícula esperanza de santidad, sino porque no saben ser de otra manera.
Hay compañeros que están tan cerca de tí que ni siquiera eres capaz de verlo, hasta que un día encajan un golpe y te das cuenta de que a tí también te duele.
Hay amigos que están tan sólo a un blog de distancia... pero que -en realidad- están mucho más cerca.
Hoy quiero dedicar mi artículo a uno de ellos
Va por tí yeyo.
Sólo hay una cosa que me moleste más que no ser tomado en serio: que me tomen demasiado en serio.